Art Madrid'26 – CUANDO EL VIDEOARTE SE CONVIERTE EN UNA CELEBRACIÓN

Con sus 12 años de trayectoria, PROYECTOR se ha consolidado como un festival de referencia en nuestro país dedicado por completo a la videocreación, una disciplica que sigue ganando adeptos y que atrae a muchos creadores contemporáneos dentro y fuera de nuestras fronteras. El vídeo es, en efecto, uno de los soportes de expresión más difundido en nuestros días. El poder de la imagen en movimiento es innegable y el público demanda nuevos lenguajes artísticos que estén en sintonía con sus hábitos de consumo cultural. El arte contemporáneo se ha rendido a los atractivos de esta técnica, compleja y dinámica, si bien sigue luchando por hacerse un hueco entre las disciplinas tradicionales en los circuitos expositivos más consolidados. Por esta razón nació PROYECTOR, para dar voz a tantos autores que han encontrado en el videoarte en canal idóneo para dar cabida a sus proyectos creativos.

PROYECTOR aspira a ofrecer una visión real del tejido cultural internacional y de las más recientes tendencias contemporáneas en torno a esta especialidad, con un ambicioso programa de actividades que se distribuye en distintos puntos de la capital. Desde el año de su lanzamiento, esta iniciativa ha querido darse a conocer también en el extranjero, y cada año la participación de autores internacionales va en aumento. Desde Japón a Argentina, pasando por Israel, Austria, Brasil o Estados Unidos, por citar solo algunos de ellos, la representación de creadores foráneos da cuenta del enorme interés que existe en la esfera de la producción contemporánea sobre esta diciplina, que se convierte así en vehículo formal de un lenguaje expresivo compartido a nivel mundial.





La próxima edición tendrá lugar del 11 al 22 de septiembre de 2019 en una apretada agenda de eventos que reunirá a más de 50 artistas en 14 sedes diferentes de Madrid. Como cada año, la programación estará compartida por los artistas invitados juntos con los seleccionados en la convocatoria de proyectos abierta hace unos meses y en la que participaron más de 400 artistas de cerca de 20 países. El resultado es un rico panorama de la videocreación más actual que abre sus puertas a todo el mundo, en la senda trazada por PROYECTOR desde sus comienzos: la de acercar el arte al gran público y poner atención a su carácter experimental y comprometido en torno al que se construyen actualmente los discursos artísticos más críticos y reflexivos.

Març Rabal, “Les eines i els dies” (fotograma)

Además de las habituales charlas, ciclos de proyecciones y talleres, la 12ª edición de PROYECTOR albergará además varios proyectos site specific creados ad hoc para el festival gracias al programa de residencias artísticas realizados en colaboración con Conde Duque, El Instante Fundación, Medialab Prado y Extensión AVAM. Otra novedad es la participación de la Colección INELCOM, que abrirá sus puertas para dar a conocer sus impresionantes fondos dedicados a la videocreación y el arte tecnológico, así como los “apadrinamientos” donde reconocidos profesionales internacionales realizarán un comisariado para articular las propuestas artísticas venidas de Europa y Asia. Asimismo, destaca el premio la coleccionista Teresa Sapey entregará a Març Rabal, cuya obre de videoinstalación podrá verse durante el festival.

Julieta Caputo y Ariel Uzal, “Un derrumble posible” (fotograma)

Son muchas las novedades que promete PROYECTOR 2019. Esperamos con ansia la llegada de esta cita imprescindible que durante 12 días ocupará espacios principales de la ciudad como son CA2M Centro de Arte Dos de Mayo, Colección INELCOM, Conde Duque, Cruce, El Instante Fundación, Extensión AVAM, Instituto Cervantes, Medialab Prado, Quinta del Sordo, Sala Alcalá 31, Sala Equis, Sala El Águila, Secuencia de Inútiles y en Plaza Pública.

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La obra de Julian Manzelli (Chu) (Buenos Aires, Argentina, 1974) se sitúa en un territorio de investigación donde el arte adopta metodologías próximas al pensamiento científico sin renunciar a su dimensión poética y especulativa. Su práctica se estructura como un proceso abierto de experimentación, en el que el taller funciona como laboratorio: un espacio de ensayo, error y verificación, más orientado a la producción de nuevas formas de percepción que a la obtención de certezas. En este sentido, su trabajo dialoga con una epistemología de la incertidumbre, afín a tradiciones filosóficas que entienden el conocimiento como devenir y no como cierre.

Manzelli explora zonas intersticiales, entendidas como espacios de tránsito y transformación. Estas áreas ambiguas no se presentan como indefinición, sino como potencia: lugares donde las categorías se disuelven y permiten la emergencia de configuraciones híbridas, casi alquímicas, que reprograman la mirada.

La geometría, lejos de operar como sistema normativo, aparece tensionada y desestabilizada. Sus construcciones precarias articulan un cruce entre intuición y razón, juego e ingeniería, evocando una gramática universal presente tanto en la naturaleza como en el pensamiento simbólico. Así, las obras de Manzelli no representan el mundo, sino que lo transfiguran, activando preguntas más que respuestas cerradas.


Avícola. Escultura magnética. Madera, imanes, laca automotriz y acero. 45 x 25 cm. 2022.


La ciencia y sus métodos inspiran tu proceso. ¿Qué tipo de paralelismos encuentras entre el pensamiento científico y la creación artística?

La ciencia y el arte son dos disciplinas que creo tienen mucho en común y sin duda están muy interrelacionadas. A mí me interesa ese cruce y a pesar de que muchas veces se ponen en lugares opuestos, creo que comparten y tienen un mismo origen. En ambos está esa búsqueda continua, esa necesidad de respuestas que viene desde la curiosidad, no tanto desde la certeza y que a veces, o en muchos casos, tanto a los artistas como a los científicos, los lleva a ponerse en lugares incómodos e inciertos y a salirse de su zona de confort. Creo que eso es algo en común y muy interesante de estas dos disciplinas que de alguna forma son las que nos definen como humanos.

En ese sentido, ambas comparten la experimentación como eje de su práctica. La prueba, el error, los ensayos y todo este proceso son los que van generando el desarrollo. En mi caso, esto se aplica al taller: lo vivo como un laboratorio donde se desarrollan distintos proyectos, donde voy testeando materiales. Es como si uno genera una hipótesis y luego la pusiera a prueba: los materiales, los procedimientos, las formas, los colores, y se obtienen resultados. Resultados que no buscan ser verificados, sino que en el arte tienen, creo yo, la función de generar nuevos modos de percepción, nuevas miradas y experiencias.


Receptor Lunar #01. Ensamble de Madera Reciclada torneada. 102 x 26 x 26 cm. De la serie Fuerza orgánica. 2023.


Trabajas desde los intersticios entre lo natural y lo artificial, lo figurativo y lo abstracto. ¿Qué te interesa de esas zonas ambiguas y qué tipo de conocimiento emergen de ellas?

Siempre fui bastante inquieto y eso me llevó a meterme y sumergirme en distintos ámbitos, distintas disciplinas. Creo que hay una riqueza especial en los lugares intersticiales, en el ida y vuelta, en la circulación entre medios. Siempre me llamaron la atención estos espacios, los lugares ambiguos, los lugares híbridos. Creo que hay algo de la lógica anfibia, los anfibios como entidades que llevan y traen información, que comparten, que atraviesan límites y membranas. Es algo, en mi caso, que está vinculado a lo que entiendo como libertad, sobre todo en un momento de encasillamiento, de etiquetas y donde el concepto de libertad ha sido totalmente transgiversado.

Y después, por otro lado, en el plano más metafísico, en la mezcla, en ese mix es donde aparece la energía viva de crear algo nuevo, que sin duda es como la base de lo humano. Entonces es como que “una cosa se hace cosa fuera del molde". Y es necesaria esa interacción para romper estructuras, armar otras, transmutarse; tiene algo como alquímico. Yo creo que el enemigo es la fijación. De alguna manera lo ambiguo es lo que permite reprogramar la mirada y generar nuevos puntos de vista.


De la serie Naturaleza orgánica. Madera torneada recuperada de podas de sequía y rezagos de construcción. 2025.


El movimiento, la repetición y la secuencia aparecen como estrategias visuales. ¿Qué papel cumple la serialidad en la generación de significado?

El movimiento, la repetición y la secuencia están muy presentes en mi trabajo. Yo tengo un largo background en el mundo de la animación y, de alguna forma, ese interés comienza a filtrarse en las demás disciplinas en las que me desempeño. Así, el movimiento aparece también en mi obra dentro de las artes visuales.

La serialidad es como una forma de pensar el tiempo y de introducir cierta narrativa y acción en la obra, al mismo tiempo que creo que condiciona la experiencia del espectador, lo invita a intentar descifrar cierta repetición como una especie de progresión. Me interesa, en particular, la narrativa más abstracta. En este tipo de narrativa, donde no hay figuración clara, la repetición empieza a marcar un pulso, un “beat” que señala el paso del tiempo. Lo interesante, creo, es que nos damos cuenta de que repetir no es exactamente duplicar, y que lo idéntico comienza a mutar a lo largo del tiempo, del ritmo o de su propia historia.


De la serie Naturaleza orgánica. Madera torneada recuperada de podas de sequía y rezagos de construcción. 2025.


Trabajas con sistemas geométricos y constructivos. ¿Qué papel cumple la geometría como lenguaje simbólico dentro de tu trabajo?

La geometría está presente en mi obra de múltiples formas y dimensiones, generando distintas dinámicas. Por lo general, suelo ponerla en crisis, en tensión. Si uno se adentra en mis obras, se da cuenta de que predominan construcciones en equilibrio impreciso e inestable; no busco lo simétrico ni lo exacto, sino una construcción dinámica que plantea una situación. No lo concibo como un sistema rígido.

Creo que ahí se establece un puente entre lo intuitivo y lo racional, entre lo lúdico -el juego- y la ingeniería, como esos cruces inesperados. Al mismo tiempo, la geometría funciona como un código, un lenguaje que nos conecta con una gramática universal presente en la naturaleza, en los fractales, y que sin duda remite al simbolismo. Es ahí donde se abre un portal interesante en el que la obra empieza a resignificar y a darse como un proceso de significación externo a sí misma, totalmente incierto. El resultado de mis obras no son piezas que representan; más bien, creo que son piezas que transfiguran y que, de alguna manera, generan preguntas.


WIP. Madera torneada recuperada de podas de sequía y rezagos de contrucción. 2022.


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado o, incluso, al error?

Con respecto a la planificación, es algo que depende bastante del proyecto y del día. Hay proyectos que, por su envergadura o complejidad, requieren planificación, sobre todo cuando involucran a otras personas que deben participar. Sin duda, en muchos casos la planificación es fundamental.

En los proyectos que suelo planificar, siempre me interesa dejar un espacio para la improvisación, donde pueda jugar un poco el azar o el devenir del propio proceso. Creo que ahí empiezan a surgir cosas interesantes, y es importante no dejarlas pasar. Personalmente, me aburriría mucho trabajar en obras cuyo resultado ya conozco de antemano. La realización de cada obra es, para mí, un viaje incierto; no sé hacia dónde me llevará, y creo que ahí reside el potencial y lo interesante, no solo para mí, sino también para la obra misma y la experiencia del espectador.