Art Madrid'26 – ¿QUÉ ES EL ARTE EMERGENTE?

Desde Art Madrid, nos planteamos una reflexión clave: ¿Es suficiente hablar de arte emergente, trabajar con artistas emergentes y ser una plataforma para su promoción? La realidad nos muestra que muchos de estos creadores, al inicio de su trayectoria profesional, enfrentan barreras estructurales como la falta de ayudas públicas, la ausencia de galerías que apuesten por ellos o el desinterés de las instituciones culturales.

Esta situación, constante tanto en el panorama español como en otros contextos internacionales, nos lleva a cuestionarnos: ¿Hacia dónde se dirige realmente el arte emergente? ¿Qué define a los artistas emergentes? ¿Y por qué tendemos a vincular lo emergente exclusivamente con la edad, como si lo que surge estuviera inexorablemente ligado a lo joven?

The V' Day in coiled dragon garden. Acrílico sobre tela. 180×90×5 cm. 2022. Sun Pei Mao. Representado en Art Madrid'25 por Yiri Arts.

El arte emergente no debería ser únicamente una categoría atrapada en lo nuevo o en una etapa vital específica. Debería ser un concepto dinámico, que abarque la frescura de las ideas, la valentía en las propuestas y la capacidad de desafiar lo establecido, independientemente de cuándo o cómo emerge un artista. Es hora de ampliar la conversación y repensar el lugar que otorgamos a quienes, desde cualquier rincón y circunstancia, deciden hacer del arte su forma de irrumpir en la escena artística.

El término "arte emergente" ha sido, desde sus inicios, un concepto nebuloso y profundamente dependiente de las estructuras que lo definen y lo promueven. Originalmente concebido como una categoría para describir a artistas en los primeros estadios de sus carreras, el concepto se ha transformado en un terreno disputado por galerías, instituciones y críticos de arte, convirtiéndose a menudo en un mecanismo más de mercado que en una designación de genuina promesa creativa. Pero en pleno siglo XXI, ¿aún tiene sentido hablar de "arte emergente"?

Sin título. Escultura. Madera, cera, aceite y taninos. 2022. Hirosuke Yabe. Representado en Art Madrid'25 por 3 Punts Galería.

En un mundo cada vez más hiperconectado, donde las barreras entre lo "emergente" y lo "establecido" se diluyen por la acelerada circulación de imágenes y narrativas artísticas, el término -podría- empezar a carecer de peso. Las redes sociales han democratizado, al menos en teoría, el acceso a la visibilidad de las obras de arte, lo que permite que artistas de todas las latitudes puedan proyectar sus trabajos a una audiencia global sin necesidad de intermediarios tradicionales. Este fenómeno plantea una interrogante clave: ¿qué es realmente "emergente" cuando un creador puede pasar de la anonimidad a la notoriedad viral en cuestión de horas?

La paradoja se profundiza cuando consideramos cómo el mercado del arte ha absorbido este concepto. "Arte emergente" ha pasado de ser una categoría temporal a convertirse en una etiqueta que alimenta el deseo especulativo. Sin embargo, esto frecuentemente deriva en una instrumentalización del artista, cuya obra es reducida a un mero vehículo de transacciones económicas. En este contexto, el concepto de "emergencia" no alude tanto al potencial de exploración o innovación como a una promesa especulativa de retorno financiero.

Chromatic Dream Space. Acrílico, óleo, resinas y aerosol sobre tela. 2024. Gemma Alpuente. Representada en Art Madrid'25 por Canal Gallery.

Y Emergente, ¿respecto a qué?

Otro problema fundamental radica en la relación entre la "emergencia" y los sistemas de poder que la legitiman. Tradicionalmente, la idea de un artista emergente sugiere una narrativa de ascenso, una transición desde los márgenes hacia el centro del reconocimiento institucional. Sin embargo, esta narrativa presupone una jerarquía cultural fija, donde los centros de poder (Nueva York, Londres, Berlín, entre otros) dictan qué es emergente y qué no.

En las últimas décadas, movimientos como el poscolonialismo y las teorías decoloniales han cuestionado estas jerarquías, señalando cómo perpetúan desigualdades históricas y geográficas. Bajo esta luz, etiquetar a un artista de una región "periférica" como "emergente" puede ser problemático, pues refuerza la idea de que su valor reside en su capacidad para adaptarse a los cánones impuestos por los centros culturales hegemónicos.

La máquina de desflorar. Acrílico sobre lienzo. 2024. Brenda Cabrera. Representada en Art Madrid'25 por Collage Habana.

El impacto de la tecnología y las nuevas formas de emergencia

En estos tiempos que corren, el panorama artístico está marcado por la tecnología digital, que redefine cómo se produce, distribuye y consume el arte. Plataformas como Instagram, TikTok y NFT marketplaces han creado nuevas vías de visibilidad y economías paralelas que escapan, al menos parcialmente, al control de las instituciones tradicionales. En este contexto, el arte emergente ya no está necesariamente vinculado a galerías o museos, sino a la habilidad de un creador para navegar en entornos digitales y construir comunidades virtuales alrededor de su obra.

Esto genera nuevas dinámicas que cuestionan la utilidad del término "emergente". Por un lado, se amplía la definición de qué puede considerarse arte y quién puede participar en su producción. Por otro, también se corre el riesgo de que la atención hacia lo "nuevo" y "disruptivo" se reduzca a una mera estrategia algorítmica, donde la calidad de la obra queda supeditada a su capacidad para generar interacciones.

Apple and Blue bear. Apple and larva. Escultura en cerámica. 2024. Yasuhito Kawasaki. Representado en Art Madrid'25 por Ting Ting Art Space.

¿Deberíamos abandonar el término?

Frente a estas complejidades, cabe preguntarse si el concepto de "arte emergente" sigue siendo útil o si debería ser reemplazado por otras categorías que reflejen mejor las realidades contemporáneas. Quizá una aproximación más fructífera sería enfocarnos en términos como "arte independiente", "arte descentralizado" o simplemente "arte contemporáneo", que eluden las connotaciones jerárquicas y mercantilistas inherentes al término "emergente". En definitiva, cuestionar el concepto de arte emergente no es solo una cuestión terminológica, sino un ejercicio crítico para repensar las estructuras que determinan cómo valoramos la creación artística. En un mundo donde las fronteras entre lo emergente y lo establecido son cada vez más difusas, quizá la verdadera emergencia radique en reimaginar las bases mismas de cómo concebimos el arte y su papel en la sociedad.

Sin título. Acrílico sobre lienzo. 2024. R.S. Babu. Representado en Art Madrid'25 por Gallery 1000A.

El arte contemporáneo es un territorio sin mapas fijos, un espacio fluctuante donde la única regla es que nada está escrito. En este contexto, la palabra emergente adquiere múltiples significados, porque el arte contemporáneo no solo es un producto que emerge del pensamiento o la técnica, sino que también se vincula con un proceso de emergencia constante. Os invitamos a repensar y cuestionar su definición más allá de prejuicios y conceptualizaciones reduccionistas, más bien, desde el ánimo y el compromiso por abrir nuevos derroteros hacia la comprensión del arte de nuestro tiempo.




CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La pintura de Daniel Bum (Villena, Alicante, 1994) se configura como un espacio de elaboración subjetiva donde la figura emerge no tanto como motivo representacional, sino como necesidad vital. La reiteración de ese personaje frontal y silencioso responde a un proceso íntimo: pintar deviene una estrategia para atravesar experiencias emocionales difíciles, un gesto insistente que acompaña y atenúa la sensación de soledad. En este sentido, la figura funciona como mediadora entre el artista y un estado afectivo complejo, vinculando la práctica pictórica con una reconexión con la infancia y con una dimensión vulnerable del yo.

La fuerte carga autobiográfica de su obra convive con una distancia formal que no obedece a una planificación consciente, sino que opera como mecanismo de protección. La contención visual, la aparente frialdad compositiva y la economía de recursos no neutralizan la emoción, sino que la encapsulan, evitando una exposición directa de lo traumático. De este modo, la tensión entre afecto y contención se instala como rasgo estructural de su lenguaje. Asimismo, lo ingenuo y lo inquietante coexisten en su pintura como polos inseparables, reflejo de una subjetividad atravesada por el misterio y por procesos inconscientes. Muchas imágenes surgen sin un significado claro previo y solo se revelan con el tiempo, cuando la distancia temporal permite reconocer los estados emocionales que las originaron.


La larga noche. Óleo, acrílico y carbón sobre lienzo. 160 x 200 cm. 2024


La figura humana aparece con frecuencia en tus obras: frontal, silenciosa, suspendida. ¿Qué te interesa de esa presencia que parece a la vez afirmativa y ausente?

No diría que me interesa nada en especial. Empecé a pintar esta figura porque había emociones que no lograba comprender y había un sentimiento que me era muy difícil de digerir. Este personaje surgió en un momento bastante complicado para mí, y el hecho de hacerlo y volver a hacerlo, repetirlo una y otra vez, hizo que durante el proceso no me sintiera tan solo. Al mismo tiempo me mantenía fresco y me conectaba con el niño interior que en ese momento estaba roto, y me hizo pasar el trago un poquito menos amargo.


Santito. Acrílico y óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm. 2025


Hay en tu trabajo una dimensión afectiva muy fuerte, pero también una distancia calculada, una especie de frialdad formal. ¿Qué papel juega esa tensión entre emoción y contención?

No sabría decir exactamente qué papel juega esa tensión. Mi pintura parte de lo autobiográfico, de la memoria y de situaciones que he vivido y que han sido bastante traumáticas para mí. Quizá, como mecanismo de protección —para que no se pueda acceder directamente a esa vulnerabilidad o para que no resulte dañina— aparece esa distancia de manera inconsciente. No es algo planificado ni controlado; simplemente surge y está ahí.


Pintor de noche. Acrílico sobre lienzo. 35 x 27 cm. 2025


Tu lenguaje plástico oscila entre lo ingenuo y lo inquietante, lo próximo y lo extraño. ¿Cómo conviven para ti esas tensiones, y qué función cumplen dentro de tu búsqueda visual?

Pues creo que tal cual soy yo. No podría convivir lo uno sin lo otro. No podría existir lo ingenuo sin lo inquietante; para mí van necesariamente de la mano. Me atrae mucho lo misterioso y el acto de pintar cosas que ni yo mismo comprendo del todo. Muchas de las expresiones o de los retratos que realizo surgen del inconsciente, no están planificados. Es a posteriori cuando empiezo a entenderlos, y casi nunca de manera inmediata. Siempre pasa un tiempo considerable hasta que puedo reconocer cómo estaba yo en ese momento en el que los hice.


Qi. Acrílico sobre lienzo. 81 x 65 cm.2025


La sencillez formal de tus imágenes no parece una cuestión de economía, sino de concentración. ¿Qué tipo de verdad estética crees que puede alcanzar la pintura cuando se despoja de todo lo accesorio?

No sabría decir qué verdad estética hay detrás de esa sencillez. Lo que sí sé es que es algo que necesito para estar en calma. Me abruma cuando hay demasiadas cosas en el cuadro, y desde siempre me ha llamado la atención lo mínimo, cuando hay poco, cuando casi no hay nada. Creo que ese despojamiento me permite acercarme a la pintura desde otro estado, más concentrado, más silencioso. No sabría explicarlo del todo, pero es ahí donde siento que puedo trabajar con mayor claridad.


Crucifixión. Acrílico sobre lienzo. 41 x 33 cm. 2025


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Normalmente me siento más cómodo dejando espacio a lo inesperado. Me interesa la incertidumbre; tenerlo todo bajo control me resulta bastante aburrido. Lo he intentado en algunas ocasiones, sobre todo cuando me he propuesto trabajar en series muy planificadas, con bocetos cerrados que luego quería trasladar a la pintura, pero no era algo con lo que me identificara. Sentía que desaparecía una parte fundamental del proceso: el juego, ese espacio en el que la pintura puede sorprenderme a mí mismo. Por eso no suelo planificar demasiado y, cuando lo hago, es de una manera muy sencilla: algunas líneas, algún plano de color. Prefiero que sea en el propio cuadro donde suceda todo.