Art Madrid'26 – RUBÉN MARTÍN DE LUCAS ABRE LAS PUERTAS DE SU ESTUDIO

El próximo miércoles 20 de febrero, a partir de las 19 h., el artista Rubén Martín de Lucas abre las puertas de su estudio en un encuentro público organizado por Art Madrid. En esta visita, los participantes podrán conocer al artista de una forma mucho más cercana, así como podrán adentrarse en sus procesos de creación y producción desde un espacio tan revelador como es el taller del artista.

Rubén Martín de Lucas, imagen de "República nº 7".

Desde que Martín de Lucas, formado como Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, decidió dedicarse a la creación, su principal línea de trabajo se ha situado en torno a la relación que establecen las personas con el territorio. Partiendo de múltiples reflexiones y empleando gran variedad de lenguajes y técnicas, el artista madrileño propone al público cuestionar los límites geopolíticos y la definición de propiedad. Basado en un firme ideario crítico, lo que pretende Martín de Lucas con sus obras es lanzarnos preguntas, animarnos a cuestionar con grandes dosis de ironía qué tipo de relación tenemos con el espacio que nos rodea, cuáles son las verdaderas razones que delimitan los márgenes, tan cambiantes y artificiales como la lógica tardocapitalista que los impone. Estas cuestiones son exploradas a través de las posibilidades de la pintura, la acción performativa, el videoarte y la fotografía.

Rubén Martín de Lucas, imagen de "República nº 12", 2019.

Un particular país creado en medio de un campo castellano, un microestado en el centro de un campo de fútbol, una república unipersonal en las orillas de una playa cántabra o directamente a la deriva en el mar; son algunas de las “Repúblicas Mínimas”, acciones performativas con las que este artista interviene simbólicamente el paisaje. El proceso es sencillo: se apropia de 100m2, dibuja una forma elemental en el territorio elegido y vive en ese nuevo espacio durante un día. Precisamente las tres últimas ediciones de este trabajo son las que el artista ha realizado de forma exclusiva para Art Madrid, tres piezas inéditas que se descubrirán muy pronto. De este arte de acción siempre se conserva un cuidado material documental, vídeos cenitales y fotografías aéreas que se convierten en “gestos poéticos, dotados de una mordiente ironía”, como explica el creador.

Rubén Martín de Lucas, imagen de "República nº 14", 2019.

Estas “repúblicas” se enmarcan dentro de uno de sus últimos proyectos más amplios y llamativos, “Stupid Borders”: un trabajo apasionante en el que se evidencia el carácter absurdo de las fronteras y los vínculos que establecemos con ellas, así como se reflexiona sobre los procesos de abstracción y comercialización del paisaje. Llega a ser tan absurdo el sentido de propiedad privada y los límites de las fronteras que, en otra de las piezas que forma el proyecto, titulada “A plot on the Moon”, el artista ofrece al espectador la compra en usufructo de una parcela en la Luna. Esta idea la toma del ambicioso y supuesto propietario, Dennis Hope, quien desde 1980 inició los trámites para declararse dueño de los planetas y sus respectivos satélites, iniciándose desde 2015 en el millonario negocio de la venta de parcelas ultraterrestres. Son trabajos que, aunque desde formas bien distintas, pueden conectar en su esencia con los idearios de grandes artistas que también trabajaron de forma crítica el espacio, la propiedad y la ocupación, como el famoso grupo “Anarquitectura” y el célebre Gordon Matta-Clark, creadores que desarrollaron acciones como “Reality Properties: Fake Estates”, en las que se dedicaron a cartografiar esas parcelas restantes e inútiles que quedan entre las viviendas, revelando el fracaso del concepto moderno de propiedad inmobiliaria, ese que, como el propio Matta-Clark sentenció, no deja de ofrecernos “recuerdos desmoralizadores del explótalo o déjalo”.

Boa Mistura, "Somos Luz", Ciudad de Panamá, 2013.

En la visita al taller, el artista hará un recorrido selectivo por su trayectoria artística. El inicio de su carrera puede situarse en 2001 cuando, junto con Javier Serrano Guerra, Juan Jaume Fernández, Pablo Ferreiro Mederos y Pablo Purón Carrillo, cofundó el colectivo multidisciplinar Boa Mistura. Los trabajos que realizaron conectan especialmente con la llamada “estética de la participación”, es decir, son propuestas con las que se busca enriquecer los vínculos entre las personas y el espacio que habitan. En esta relación tantas veces conflictiva, en la que el espacio urbano no se adapta a las necesidades de los habitantes, llegando incluso a enfrentarse directamente con los modos de vida actuales, este colectivo modifica el espacio público con grandes intervenciones vitalistas que tienen sus raíces en el campo del graffiti. Estas intervenciones han dado la vuelta al mundo, desde España hasta Brasil, Panamá, México, Noruega, Argelia, Georgia o Sudáfrica.

Rubén Martín de Lucas

El Jardín de Fukuoka XLIII, 2017

Ceras, óleo y esmalte sobre tabla

120 x 120cm

Rubén Martín de Lucas

Desert 6, Every monoculture is a kind of desert VI, 2017

Óleo sobre tabla

120 x 120cm

Posiblemente en este encuentro Martín de Lucas también destaque dos acontecimientos clave que le motivaron a iniciar su carrera en solitario en el año 2015: un trascendental viaje a la India y la experiencia de ser padre. De la misma manera, el artista podrá explicarnos uno de sus series más pictóricas, “El jardín de Fukuoka”: un conjunto de abstracciones en el que se reflexiona acerca de “dos maneras opuestas de entender la agricultura y la vida”. Por un lado, las formas más naturales, respetuosas y fluidas, por otro, las más artificiales, desequilibradas y perjudiciales. Las fórmulas pictóricas se corresponden con este discurso en dualidad: convirtiéndose en trazos coloristas y libres para el primer caso, en el que se homenajea al concepto oriental desarrollado por Fukuoka, “WeiWei” (no intervención ni acción en la naturaleza y el proceso de cultivo); y en oposición, las composiciones lúgubres, repetitivas o extremadamente minimalistas para el segundo, en relación con el agresivo sistema industrial de explotación agrícola. En estas creaciones, ambas de gran lirismo, el discurso del artista de nuevo cuestiona nuestro prepotente antropocentrismo frente al estado natural del mundo.

Así, el público asistente a esta visita al taller de Rubén Martín de Lucas, Artista Invitado de esta edición de Art Madrid, tendrá una ocasión excepcional para acercarse al arte comprometido de un artista multidisciplinar, comprender mejor su trabajo y conversar directamente con él.

Todos aquellos interesados en asistir a la visita, tan solo tienen que apuntarse aquí.

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La pintura de Daniel Bum (Villena, Alicante, 1994) se configura como un espacio de elaboración subjetiva donde la figura emerge no tanto como motivo representacional, sino como necesidad vital. La reiteración de ese personaje frontal y silencioso responde a un proceso íntimo: pintar deviene una estrategia para atravesar experiencias emocionales difíciles, un gesto insistente que acompaña y atenúa la sensación de soledad. En este sentido, la figura funciona como mediadora entre el artista y un estado afectivo complejo, vinculando la práctica pictórica con una reconexión con la infancia y con una dimensión vulnerable del yo.

La fuerte carga autobiográfica de su obra convive con una distancia formal que no obedece a una planificación consciente, sino que opera como mecanismo de protección. La contención visual, la aparente frialdad compositiva y la economía de recursos no neutralizan la emoción, sino que la encapsulan, evitando una exposición directa de lo traumático. De este modo, la tensión entre afecto y contención se instala como rasgo estructural de su lenguaje. Asimismo, lo ingenuo y lo inquietante coexisten en su pintura como polos inseparables, reflejo de una subjetividad atravesada por el misterio y por procesos inconscientes. Muchas imágenes surgen sin un significado claro previo y solo se revelan con el tiempo, cuando la distancia temporal permite reconocer los estados emocionales que las originaron.


La larga noche. Óleo, acrílico y carbón sobre lienzo. 160 x 200 cm. 2024


La figura humana aparece con frecuencia en tus obras: frontal, silenciosa, suspendida. ¿Qué te interesa de esa presencia que parece a la vez afirmativa y ausente?

No diría que me interesa nada en especial. Empecé a pintar esta figura porque había emociones que no lograba comprender y había un sentimiento que me era muy difícil de digerir. Este personaje surgió en un momento bastante complicado para mí, y el hecho de hacerlo y volver a hacerlo, repetirlo una y otra vez, hizo que durante el proceso no me sintiera tan solo. Al mismo tiempo me mantenía fresco y me conectaba con el niño interior que en ese momento estaba roto, y me hizo pasar el trago un poquito menos amargo.


Santito. Acrílico y óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm. 2025


Hay en tu trabajo una dimensión afectiva muy fuerte, pero también una distancia calculada, una especie de frialdad formal. ¿Qué papel juega esa tensión entre emoción y contención?

No sabría decir exactamente qué papel juega esa tensión. Mi pintura parte de lo autobiográfico, de la memoria y de situaciones que he vivido y que han sido bastante traumáticas para mí. Quizá, como mecanismo de protección —para que no se pueda acceder directamente a esa vulnerabilidad o para que no resulte dañina— aparece esa distancia de manera inconsciente. No es algo planificado ni controlado; simplemente surge y está ahí.


Pintor de noche. Acrílico sobre lienzo. 35 x 27 cm. 2025


Tu lenguaje plástico oscila entre lo ingenuo y lo inquietante, lo próximo y lo extraño. ¿Cómo conviven para ti esas tensiones, y qué función cumplen dentro de tu búsqueda visual?

Pues creo que tal cual soy yo. No podría convivir lo uno sin lo otro. No podría existir lo ingenuo sin lo inquietante; para mí van necesariamente de la mano. Me atrae mucho lo misterioso y el acto de pintar cosas que ni yo mismo comprendo del todo. Muchas de las expresiones o de los retratos que realizo surgen del inconsciente, no están planificados. Es a posteriori cuando empiezo a entenderlos, y casi nunca de manera inmediata. Siempre pasa un tiempo considerable hasta que puedo reconocer cómo estaba yo en ese momento en el que los hice.


Qi. Acrílico sobre lienzo. 81 x 65 cm.2025


La sencillez formal de tus imágenes no parece una cuestión de economía, sino de concentración. ¿Qué tipo de verdad estética crees que puede alcanzar la pintura cuando se despoja de todo lo accesorio?

No sabría decir qué verdad estética hay detrás de esa sencillez. Lo que sí sé es que es algo que necesito para estar en calma. Me abruma cuando hay demasiadas cosas en el cuadro, y desde siempre me ha llamado la atención lo mínimo, cuando hay poco, cuando casi no hay nada. Creo que ese despojamiento me permite acercarme a la pintura desde otro estado, más concentrado, más silencioso. No sabría explicarlo del todo, pero es ahí donde siento que puedo trabajar con mayor claridad.


Crucifixión. Acrílico sobre lienzo. 41 x 33 cm. 2025


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Normalmente me siento más cómodo dejando espacio a lo inesperado. Me interesa la incertidumbre; tenerlo todo bajo control me resulta bastante aburrido. Lo he intentado en algunas ocasiones, sobre todo cuando me he propuesto trabajar en series muy planificadas, con bocetos cerrados que luego quería trasladar a la pintura, pero no era algo con lo que me identificara. Sentía que desaparecía una parte fundamental del proceso: el juego, ese espacio en el que la pintura puede sorprenderme a mí mismo. Por eso no suelo planificar demasiado y, cuando lo hago, es de una manera muy sencilla: algunas líneas, algún plano de color. Prefiero que sea en el propio cuadro donde suceda todo.