Sonia Delaunay, más allá de la pintura

 

"Cantante de flamenco", 1915

 

 

 

Sonia Delaunay (1885-1979), artista ucraniana de origen ruso, fue una figura clave en la vanguardia parisina. Se formó primero en Alemania y posteriormente en París, donde tuvo influencias del impresionismo, del cubismo y del fauvismo. Experimentó junto a su marido, Robert Delaunay, el mundo de la luz y del color, desarrollando un lenguaje abstracto dirigido a un nuevo arte lejos de los medios tradicionales. Juntos dieron lugar al simultaneísmo, corriente que perseguía alcanzar el dinamismo pictórico a partir de los contrastes simultáneos de color y que la artista desarrolló tanto en sus pinturas como en sus diseños de vestuario. Los Delaunay asociaban el simultaneísmo a la vida moderna y al desarrollo urbano y querían llevarlo a todos los ámbitos posibles. Reivindicó la importancia del diseño de moda y la decoración, equiparándolos a la pintura y la escultura, en un momento en el que estas disciplinas ni siquiera eran consideradas como arte.

 

 

 

Diseños de  vestuario de Sonia Delaunay

 

 

 

La exposición acoge las creaciones textiles de la artista junto a sus pinturas. Pone énfasis en la etapa en la que Sonia y su familia vivieron en Madrid, ciudad a la que llegaron en 1917 y en la que se establecieron tras estallar la Primera Guerra Mundial. Su llegada a esta ciudad la acercó a la cultura popular, a los cantaores y bailarines de flamenco, arte que le cautivó. La revolución rusa repercutió negativamente sobre su situación económica. Fue en esta etapa cuando comenzó a trabajar en el diseño escenográfico de los ballets rusos de Diaghilev. Sus trajes se componen de trozos de tela de distintos colores, formas y texturas. De manera paralela, se dedicó a la decoración de interiores y, posteriormente, creó su propia firma de moda, con sede primero en Madrid y luego en París.

 

 

 

Bal Bullier, 1913

 

 

 

Obras destacadas de Sonia Delaunay son sus “vestidos simultáneos”. El primero de ellos lo realizó en 1913, para el salón de baile Bal Bullier, 1913, y fue nombrado por Apollinaire como “pintura viviente”. La artista plasma en el lienzo sus diseños realizados sobre papel. En obras como “Gran flamenco” se puede apreciar la influencia de su estancia en España. Destacan también sus diseños para ballets como los que hizo para “Cleopatra”, o sus vestidos para actrices de cine como el que diseñó para Gloria Swanson.

 

 

 

Diseño de vestuario para "Cleopatra"

 

 

 

El arte de Sonia Delaunay se muestra en 210 piezas procedentes de instituciones públicas como el Centro Pompidou, la Biblioteca Nacional de Francia, el Museo de la Moda de París o el Museo Reina Sofía, de colecciones privadas y de fondos del Thyssen, donde podrá visitarse hasta el 10 de octubre.

 

 

 

Vestido diseñado para Gloria Swanson

 

 

 

 

Cada vez son más las disciplinas que se han ido sumando a la reflexión sobre la condición femenina que enfrenta la realidad actual desde la revisión y el cuestionamiento de su pasado histórico. Así literatura, cine, música, arte, ciencia, agricultura, por citar solo algunas, se unen a la lista de lugares desde los que continuar el debate sobre un movimiento en constante reinvención.

Se trata de un despertar que, si bien se extiende todo del año, parece concentrarse con especial ahínco en el mes marzo, con una programación que incluye festivales, ferias, conferencias, marchas, lecturas que transpiran entusiasmo y comunión. Así, entre la programación del tercer mes del año destacan proyectos tan interesantes como necesarios, como el festival Mujeres Mirando Mujeres, una iniciativa de Arte a un Click que celebra entre el 9 de marzo y el 12 de junio su V Edición.

Marina Vargas “La Bacante”, 2015. Resina de poliéster, polvo de mármol, pintura esmalte (imagen ©www.marinavargas.com)

El proyecto Mujeres Mirando Mujeres nace en 2015 de la mano de Mila Abadía, con el propósito de dar a conocer la labor que las mujeres llevan a cabo en el ámbito del arte desde el proceso de creación hasta la comunicación, pasando por el comisariado y la crítica de arte. Como ella misma confiesa, la idea surgió como un arrebato. Siempre he luchado por los derechos de las mujeres y hacía ya mucho tiempo que no participaba activamente en ninguna reivindicación feminista.

En este sentido, la quinta edición queda integrada por 51 artistas, 52 gestoras del arte, 15 comunicadoras, 11 proyectos invitados que en su totalidad dan lugar a 80 trabajos en los que participan 118 mujeres concienciadas con el movimiento feminista y con el arte, entre ellas se encuentran bloggeras, periodistas, comunicadoras, galeristas, museólogas que dan lugar a una rica programación basada en presentaciones y entrevistas a artistas que irán publicándose durante hasta el mes de junio en la web. Como en ediciones anteriores, el festival se preocupa por visibilizar los trabajos de artistas con una trayectoria profesional novel como es el caso de la artista italiana interdisciplinar Mónica Mura, cuya obra gira en torno a la superación y valoración de los seres humanos. La perspectiva de género de la autora italiana atraviesa su vida y obra en la que da voz a colectivos e individuos que han sufrido el rechazo social por su naturaleza de mujeres trans, homosexuales... Mónica Mura será presentada por la investigadora Karen Campos.

“Para mí el arte es un sinónimo de libertad y creo en el poder de creación como motor de transformación”. Mónica Mura

Mónica Mura, proyecto “Poder ver-Ver poder”, 2018. Instalación de vídeo (imagen ©www.monicamura.com)

Entre las artistas de menor trayectoria también encontramos a la fotógrafa catalana Alejandra Carles-Tolra, quien a través de sus imágenes busca comprender la identidad y desdibujar sus límites. ¿Existe una identidad que defina a las mujeres? ¿Cuál? Son algunas de las cuestiones que plantea en su proyecto. Alejandra Carles-Tolra será presentada por la directora de la galeria Fiftydots, Laura Salvado.

Además de artistas noveles, el festival también acoge miradas ya consagradas como la de Gabriela Bettini quien en su trabajo combina el análisis de la crisis medioambiental con la situación de las mujeres, ambos afectados por la violencia del sistema.

Supongo que el trabajo cambia en la misma medida en que cambiamos como individuos, afirmaba la artista en una ocasión. Y es que su trabajo y el del resto de las artistas que integran el proyecto Mujeres Mirando Mujeres, son el eco de las preocupaciones y de los conflictos de nuestro tiempo, un tiempo cada vez más nuestro.

Gabriela Bettini, proyecto “Primavera silenciosa”, 2018 (imagen ©gabrielabettini.com)

Como constató en una ocasión Estrella de Diego, siempre acertada: no vale ser feminista en el mundo del arte, hay que ser feminista o no serlo, nuestro pensamiento debería invadir nuestra forma de estar en el mundo y de relacionarnos con él. Y en este sentido, el arte hace posible que queden plasmados aquellos que una vez, fueron los pensamientos de nuestra vida y que son el reflejo de nuestro paso por el mundo.

Por esto mismo, iniciativas como la de Mujeres Mirando Mujeres que hacen real y efectivo el trabajo de las mujeres, son tan necesarias como importantes.