Art Madrid'26 – SU LIENZO, UN PEPINO. MISTERPIRO EN EL ESPACIO HENDRICK\'S ART MADRID

 

Existen infinitas cosas en el mundo que carecen de inusualidad y abusan de ser corrientes, que se limitan a cumplir las expectativas de lo normal. Y para conocer las excepciones hay que cultivar el intelecto. Por ejemplo, los más curiosos saben que Hendrick's gin nunca podría incluirse en la lista de lo banal.

 

Y es que, este único brebaje proveniente de la escocesa localidad de Girvan se destila en pequeñas remesas con un inusual proceso de destilación. Para que no se quede usted con la duda, le diremos que, en esta sucesión de hechos que se llevan a cabo para lograr la peculiaridad de la ginebra, los botánicos, la infusión de rosa de Bulgaria y un toque de pepino belga son los protagonistas.

 

 

 

 

Con esta carta de presentación sólo nos queda invitarle a que venga a disfrutar del arte contemporáneo mientras saborea un combinado Hendrick’s gin en la Zona Lounge de Art Madrid’17 (de miércoles a domingo de 14:00h a 16:00h y de 19:00h a 21:00h).

 

 

Misterpiro en el Espacio Hendrick’s Art Madrid

 

 

Hendricks’s gin se ha buscado un buen aliado para venir a Art Madrid’17: el artista urbano Misterpiro. Con su inusual uso de la pintura, su acabado etéreo y aguado y su paleta de color única, Misterpiro intervendrá en directo el distintivo más característico de Hendrick’s. ¿Que no sabe cuál es? Su lienzo, un pepino.

 

Podrán verle en el Espacio Hendrick’s el miércoles 22 de febrero de 13:00h a 14:00h y del jueves 23 al domingo 26 de febrero de 18:30 a 19:30h.

 

 

 

 

Sobre Misterpiro. Madrid (1994) Artista visual y urbano. Graduado en Diseño en la Universidad Complutense de Madrid. Comenzó en las calles con el graffiti, luego siguió experimentando con acuarelas y acrílicos en su estudio hasta que logró unir las dos técnicas en un estilo único, lleno de vida y color, llevando la delicadeza de la acuarela al nuevo soporte de la pared exterior. Su técnica se basa en la improvisación, donde la calidad agresiva del spray y la sutileza de las aguadas se mezclan en todo tipo de soportes. En sus obras, la fluidez del agua y la volatilidad de la atmósfera llenan de expresión y luz un mundo que nos transporta de la figuración a la abstracción completa.

 

 

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La obra de Cedric Le Corf (Bühl, Alemania, 1985) se sitúa en un territorio de fricción donde el impulso arcaico de lo sagrado convive con una actitud crítica propia de la contemporaneidad. Su práctica parte de una comprensión antropológica del origen del arte como gesto fundacional: la huella, la marca, la necesidad de inscribir la vida frente a la conciencia de la muerte.

Le Corf establece un diálogo complejo con la tradición barroca española, no desde la mímesis estilística, sino desde la intensidad afectiva y material que atraviesa aquella estética. La teatralidad de la luz, la encarnación de la tragedia y la hibridez entre lo espiritual y lo carnal se traducen en su obra en una exploración formal donde la geometría subyacente y la materia incrustada tensionan la percepción.

En el trabajo de Le Corf, el umbral entre abstracción y figuración no es una oposición, sino un campo de desplazamiento. La construcción espacial y el color funcionan como dispositivos emocionales que desestabilizan lo reconocible. Este proceso se ve atravesado por una metodología abierta, donde la planificación convive con la pérdida deliberada de control, permitiendo que la obra emerja como un espacio de silencio, retirada y retorno, en el que el artista se confronta con su propia interioridad.


La caída. 2025. Óleo sobre lienzo. 195 × 150 cm.


En tu trabajo se percibe una tensión entre la devoción y la disidencia. ¿Cómo negocias el límite entre lo sagrado y lo profano?

En mi trabajo siento la necesidad de remitirme al arte rupestre, a las imágenes que llevo presentes. Desde que el hombre prehistórico tomó conciencia de la muerte, sintió la necesidad de dejar una huella, marcando con una plantilla en la pared una mano roja, símbolo de la sangre vital. El hombre paleolítico, cazador-recolector, experimenta un sentimiento místico frente al animal, una forma de magia espiritual y de ritos vinculados a la creación. De este modo, sacraliza la caverna mediante la representación abstracta de la muerte y la vida, la procreación, las Venus… Así, nace el arte. En mi interpretación, el arte es sagrado por esencia, porque revela al hombre como creador.


Entre perro y lobo II. 2025. Óleo sobre lienzo. 97 × 70 cm.


Se observan trazos de la tradición barroca española en tu trabajo. ¿Qué encuentras en ella que siga siendo contemporáneo?

Sí, se observan rasgos de la tradición barroca española en mi trabajo. En la historia del arte, por ejemplo, pienso en los mosaicos árabe-andalusíes, en los que para mí se encuentra una geometría de diseños profundamente contemporánea. Y en la pintura y la escultura barroca española, el tema que aparece con mucha frecuencia es la tragedia: la muerte y lo sagrado están intensamente encarnados, ya sea en temas religiosos o profanos, en Zurbarán, Ribera, El Greco, pero también en Velázquez. Pienso, por ejemplo, en la notable pintura ecuestre de Isabel de Francia, por su geometría y por un retrato cuya luz recuerda a la de un Matisse.

Cuando pienso en la escultura, vienen a mi mente las maravillosas esculturas policromadas de Alonso Cano, Juan de Juni o Pedro de Mena, donde los ojos verdes están incrustados, junto con dientes de marfil, uñas de cuerno y pestañas de cabello. Todo ello ha influido sin duda en mi trabajo escultórico, tanto morfológico como ecuestre. Personalmente, en mi obra incrusto elementos de porcelana en madera tallada o pintada.


Entre perro y lobo I. 2025. Óleo sobre lienzo. 97 × 70 cm.


¿Qué te interesa de ese umbral entre lo reconocible y lo abstracto?

Por mi parte, toda representación en pintura o en escultura es abstracta. Lo que la impone es la construcción arquitectónica del espacio, su geometría secreta, y la emoción que provoca el color. Es, en cierto modo, un desplazamiento de lo real para alcanzar esa sensación.


El ángel anatómico. 2013. Madera de fresno y porcelana. 90 × 15 × 160 cm.


Tu obra parece moverse entre el silencio, el abandono y el retorno. ¿Qué te llama hacia esos espacios intermedios?

Creo que es al renunciar a imitar la verdad exterior, a copiarla, como alcanzo la verdad, ya sea en la pintura o en la escultura. Es como si me mirara en mi propio sujeto para descubrir mejor mi secreto, quizá.


Justa. 2019. Madera de roble policromada. 240 × 190 × 140 cm.


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Es cierto que, en ocasiones, olvido por completo la idea principal en mi pintura y en mi escultura. Aunque comienzo una obra con ideas muy claras —dibujos y bocetos previos, grabados preparatorios y una intención bien definida—, me doy cuenta de que, a veces, esa idea inicial se pierde. Y no se trata de un accidente. En algunos casos tiene que ver con dificultades técnicas, pero hoy en día también acepto partir de una idea muy concreta y, al enfrentarme a la escultura, a la madera o a la cerámica, tener que trabajar de otra manera. Y eso lo acepto.