Susy Gómez y “El baile de la vida”

 

 

Susy Gómez, “El baile de la vida”  

 

 

 

Susy Gómez nació en Pollença (Mallorca) en 1964. Estudió Bellas Artes en Barcelona y allí comenzó su carrera artística con una exposición en la Fundación Miró, en 1993. En 1995,  formó parte del Salón de los 16, una iniciativa expositiva anual que promovía la obra de 16 artistas tanto nacionales como internacionales. La artista ha realizado numerosas exposiciones dentro y fuera de España. Su variada obra, compuesta por dibujos, pinturas, esculturas, instalaciones, fotografías, vídeos y performance, se dirige actualmente hacia un tipo de escultura informalista, normalmente de grandes tamaños y formada por materiales encontrados, que suele tener carácter participativo e incluso terapéutico. El espacio en el que se sitúa la pieza cobra para la artista especial relevancia.

 

 

 

Susy Gómez, “El baile de la vida”  

 

 

 

El título de la exposición, expuesta previamente en el Museu d’Art Contemporani d’Eivissa (MACE), hace referencia a una obra de Edward Munch, artista que siempre ha interesado a Susy Gómez por la importancia que le da al mundo interior y por su manera de retratar “lo invisible.” Otro artista que ha ejercido influencia sobre ella, y se aprecia en el carácter teatral que esta aporta a sus obras, es el escritor noruego Henrik Ibsen. La artista persigue la participación del espectador, haciendo que este se sienta identificado con varios personajes, más allá de la identificación con uno solo. Tiene influencia, además, de las terapias alternativas, que estudia desde hace trece años. Un ejemplo son las constelaciones familiares, una terapia que trabaja fundamentalmente a partir del inconsciente y las relaciones de familia.

 

 

 

Susy Gómez, “El baile de la vida”  

 

 

 

Las piezas de Susy Gómez son reivindicativas y expresan su descontento con la sociedad occidental, que borra las huellas del paso del tiempo. La artista trabaja el concepto de ruina, de lo que cae en desuso. En sus esculturas emplea materiales extraídos de casas derrumbadas de principios de siglo, que han dejado de ser válidos. Ella los presenta para que no queden en un olvido invisible. La artista quiere acercar al visitante a su universo, siendo este acercamiento de carácter abierto, pues es cada cual quien va a interpretar la obra según su propia experiencia.

 

 

 

Susy Gómez, “El baile de la vida”  

 

 

 

Las salas de Tabacalera de Lavapiés acogen el mundo escenográfico de Susy Gómez y su “baile de la vida”, del que el visitante podrá participar, hasta el próximo 3 de septiembre.

 

 

 

 

El arte es un lenguaje expresivo que no se conforma con seguir las pautas preestablecidas y se atreve a explorar nuevas opciones creativas. Sí, estamos ante algo intrínseco y consustancial al arte, porque una de sus finalidades es cuestionarse la razón de ser de nuestra realidad, ir un paso más allá de la ortodoxia instaurada, romper con el clasicismo y plantear un reto tanto para los artistas como para los espectadores. Y en este magma creativo, la incursión de nuevas técnicas y la combinación de disciplinas es el caldo de cultivo ideal para originar nuevos movimientos y tendencias.

Yoshi Sodeoka, “Utopia”

El arte experimental no empezó a designarse como tal hasta bien avanzado el s. XX. Hasta entonces, la eclosión y sucesión de movimientos artísticos dieron paso a manifestaciones cada vez más abstractas, más alejadas de la estética clásica, arquetípica e impostada, que había vivido pequeños episodios de evolución sobre la aparición de nuevas técnicas, pero con una producción muy basada en las exigencias del mecenas de turno. Era la dominación de los motivos religiosos, las reconstrucciones de relatos mitológicos, la tiranía de los retratos regios y nobiliarios, la expansión de los paisajes pomposos. Sin embargo, el siglo pasado fue la cuna del concepto de artista moderno, un autor autónomo, independiente, irreverente y difícil de dominar que quiso refugiarse también en un nuevo lenguaje para vivir al margen de los cánones.

Nacho Criado

Casi siempre, en sus inicios, las nuevas propuestas expresivas que se alejan del academicismo suelen recibir una dura crítica por parte del grupo más conservador y consolidado de las bellas artes. No olvidemos que esto mismo les había pasado a los impresionistas, abiertamente rechazados por los autores más tradicionalistas, que veían en su estilo una suerte de subversión (y hasta perversión) de la pintura. Hoy, en cambio, este movimiento de finales del s. XIX se ha consolidado como un referente ineludible de la historia del arte.

Cristopher Cichocki, “Fish With Enamel Illuminated by Ultra Violet Radiation”

Igualmente, toda forma experimental tiende a tratar temáticas menos amables y más arriesgadas que den cauce a las grandes inquietudes del momento. Por eso mismo, estas formas de expresión suelen asociarse con la crítica abierta al sistema establecido y el status quo de poder. Nada mejor que enturbiar la crudeza de un replanteamiento social con un golpe de efecto novedoso, como el que el arte experimental propone. Una ruptura de las reglas que exige una doble lectura para llegar al fondo del asunto. Porque, en esta corriente, pocas veces las cosas son lo que parecen.

Jim Drain

Así, el arte experimental se alimenta de recursos contemporáneos y construye su mensaje sobre el valor del propio discurso: importa más lo que se quiere decir que cómo se dice. La imagen, los elementos “extra-artísticos”, la influencia de otras profesiones y el impacto mediático juegan un papel fundamental en esta corriente aún hoy difícil de definir y concretar. El propio desarrollo del tejido artístico en cada momento y lugar determinan la expansión y acogida de estos modelos. La vieja y veterana Europa, tan apegada a su historia y herencia cultural, siempre ha ido a la zaga de otros focos pioneros, como los venidos del otro lado del charco. Quizás la ausencia de un peso histórico milenario y la inconsciencia de vivir una realidad con un pasado apenas bicentenario sirvan de impulso para marcar tendencia y erigirse en el campo de experimentación por excelencia. Perdamos el miedo a equivocarnos y probar.