TENEMOS HAMBRE DE DISEÑO

Roberto Rodríguez

 

 

 

La propuesta expositiva de WED está disponible hasta el 6 de diciembre: 6 días, con 200 obras de 30 artistas procedentes de 7 países distintos. Participan nombres imprescindibles como Yoko Honda, Extraweg, Jack Sach, Playful+Paloma Rincón, Bakea, y un largo etcétera. Pero la oferta no acaba ahí, ya que se han programado varios talleres para completar la misión de acercar el diseño a todos, desde los más pequeños a los más creativos.

 

 

 

Bakea, “Bakelanasland!”

 

 

 

WED se compone de instalaciones, exposiciones y talleres, pensados y programados para que el visitante se adentre en una nueva dimensión, la del diseño, y ponga a prueba su propia creatividad con actividades que tratan no solo el arte gráfico en su versión más extendida, sino también las nuevas tecnologías de animación y 4D.

 

 

 

Mauco Sosa, “Tu revolución es virtual”

 

 

 

Además, las propuestas exploran las conexiones del diseño con otras disciplinas como la arquitectura y la joyería. Es una forma de tomar conciencia de la importancia del diseño en nuestro día a día, mucho más presente en cada pequeño detalle de lo que podemos percibir.

 

 

 

Jack Sach, “Pick Me Up TV”

 

 

 

Entre los talleres, destacamos el de “Un trillón de tipos”, actividad pensada para los más jóvenes en los que se analizará el impacto de la tipografía en las composiciones de arte gráfico e ilustración, o el de “Macroarquitecturas para un gran festín!”, presentado de la mano de MediaLab-Prado, en el que se trabajará la construcción de edificios y mobiliario a pequeña escala.

Las actividades comienzan el 1 de diciembre y puedes hacerte con tus entradas desde ya.
 

Inconfundible y personal, la obra de Tamara Łempicka condensa toda una corriente estética que hizo furor en el primer tercio del siglo pasado al tiempo que consiguió autodefinirse y marcar un estilo propio que hoy todos reconocemos. Los motivos y las composiciones que la artista escogía para sus piezas encajaban a la perfección con el Art Decó. Sus volúmenes envolventes, sus figuras redondeadas y un claro contraste de colores marcaron su trayectoria, lejos de los recursos florales y de las siluetas más esbeltas de desarrollo vertical que tanto definían este movimiento.

Tamara Łempicka, “Las jóvenes”, ca. 1930

Precisamente el triunfo de Tamara, ya en sus primeros años, y el hecho de que fuese una artista mujer abriéndose camino en un sector hasta el momento aún dominado por los hombres, encierra un halo de misterio y glamour que sigue despertando nuestra curiosidad. La vida de esta pintora nacida en Varsovia en 1898 representa el espíritu bohemio que habitualmente se atribuye a los artistas de principios de siglo, con una producción muy demandada y una larga lista de espera para encargar un retrato.

Su vida, en efecto, es el relato de un viaje sin tregua que comenzó con sus estudios en un internado en Suiza y con las vacaciones de familia por Italia. La Revolución Bolchevique supuso un cambio en su vida, cuando, ya casada, se convirtió en refugiada pasando por Copenhague, Londres y París, donde se estableció en 1923. En este contexto de huida y cambio, Tamara no abandonó la pintura, en la que se había iniciado en la adolescencia, y dejó que el influjo de las corrientes artísticas de la capital francesa penetrasen en su obra. Por eso, en ocasiones, sus pinturas se han calificado como de un “cubismo suave”, estilo en el que muchos artistas de la época estaban despuntando. En 1925 inauguró su primera gran exposición en Milán, y en 1927 obtiene su primer premio con la obra “Kizette en el balcón” en la Exposición Internacional de Burdeos. En los años siguientes da el salto a Nueva York, lugar donde su carrera llega a la cumbre.

Tamara Łempicka, “La durmiente”, 1932

La obra de Łempicka es enigmática y única, como ella misma, cuando abiertamente reconocía su bisexualidad en un contexto de prohibiciones sociales. Su estilo ha calado hondo, más allá incluso de la época en que la pintora alcanzó su mayor reconocimiento en vida, y ha influido en otros creadores posteriores que admiten la admiración que sus piezas despiertan. Hoy, su trabajo visita Madrid en el Palacio de Gaviria, 86 años después de que la propia Tamara pasase por nuestro país en uno de sus numerosas viajes por Europa.