TODOS LOS BLANCOS DEL PAPEL

“Conexiones” es un proyecto puesto en marcha gracias a la colaboración del Museo ABC de la Ilustración y la Fundación Banco Santander en el que se invita a un artista a desarrollar una colección de piezas que abran un diálogo entre una obra seleccionada de la colección Banco Santander y otras tomadas de los fondos del Museo ABC. Esta iniciativa trata de promover la difusión y la producción artística en torno al dibujo contemporáneo, por lo que los autores invitados trabajan casi en exclusiva esta disciplina.

Guillermo Peñalver, “Yo, dibujando” (detalle), 2019

Para esta 17ª edición del programa, el comisario Óscar Alonso Molina ha invitado a Guillermo Peñalver. Este ilustrador y creador amante del papel se ha inspirado en la obra “Modulación número 66” (1976) del artista argentino Julio Le Parc, por la parte de la colección Banco Santander, y del Museo ABC ha elegido tres ilustraciones: “Brígida y su boda” (1929), de Emilio Ferrer; “El niño y el escaparate” (1924), de Ángel Díaz Huertas; y “El hombre mañoso” (1932), de Antonio Barbero. En torno a estas piezas seleccionadas, Peñalver ha desarrollado un proyecto que toma como punto de partida su día a día en un contexto precario en el que las acciones más comunes y hogareñas se mezclan y confunden con el tiempo y espacio dedicado a la creación de su obra.

Julio Le Parc, Modulación nº 66, 1976. Colección Banco Santander

Bajo el título “Autorretrato en interior”, el artista recrea escenas de su vida cotidiana en piezas de enorme formato que funden la técnica del collage con la del dibujo a lápiz. Los recortes superpuestos de diferentes papeles juegan con las numerosas tonalidades del blanco, desde el marfil hasta el perla. Las imágenes nos trasladan a un entorno cercano, a situaciones del día a día en las que podemos reconocernos y encontrar nuestra propia historia personal.

Guillermo Peñalver, “Ser tú” (detalle), 2019

Peñalver quiere transmitir con esta colección la presencia que el espíritu creativo tiene en su cotidianidad y la falta de recursos que en ocasiones deben afrontar los artistas. Las escenas muestran un espacio común, donde zona de descanso y lugar de trabajo se mimetizan, haciendo patente que no siempre es posible disponer de un estudio privado para crear; pero, al mismo tiempo, se expresa la naturalidad con la que el deseo artístico forma parte de la vida del autor sin que apenas haya transiciones entre las distintas actividades de su quehacer diario.

Guillermo Peñalver, “Máscara”, 2018.

El autor comparte con el espectador las intimidades de este proceso creativo, en donde el más nimio detalle puede desencadenar un deseo de recortar, plegar y dibujar. El conjunto de las piezas condensa ese irrefrenable impulso de crear, que impregna cada uno de los elementos de su realidad. El resultado es una obra intimista y honesta, donde las situaciones y los pensamientos se materializan en piezas limpias y delicadas a las que es necesario prestar atención, no solo para advertir la profundidad del blanco, usado siempre intencionalmente, sino para descubrir todos los detalles, el trabajo no visible, el cuidado puesto en estas escenas cotidianas. Peñalver nos abren sutilmente su mundo interior para que lo descubramos como quien espía desde una ventana y se enfrenta a la naturalidad del hogar y a las cosas hechas sin artificios ni imposturas.

Museo ABC. “Autorretrato en interior” de Guillermo Peñalver. Hasta el 15 de septiembre.

 

Wim Delvoye acaba de despedir la exposición monográfica que le han dedicado los Reales Museos de Bellas Artes de Bélgica, en Bruselas, en una arriesgada propuesta en la que la subversiva obra escultórica del artista convivió con las piezas clásicas de la colección del museo.

Wim Delvoye, instalación de “Tabriz”, “Shahreza”, “Arak”, “Karaj”, “Khermanshah” y “Bidjar”, 2010-2016, en la sala del museo con “Le martyre de Saint Liévin” de Rubens al fondo. Foto: El Gran Otro, por Por Patricia Lago L. y Maximiliano Turri.

Si algo es evidente en el trabajo de Delvoye es su deseo de remover conciencias y plantear una lectura abiertamente crítica de nuestro entorno globalizado. No es difícil advertir un mensaje que se burla de los modelos establecidos en nuestra sociedad con un lenguaje irónico que retrata la hipocresía de nuestro tiempo. El uso intencional de los referentes contemporáneos en contextos aparentemente absurdos o impropios, producen un choque de ideas que abre la puerta a la reflexión. Entre la repulsa y la complicidad, los espectadores de su trabajo se enfrentan a una apuesta transgresora que pocas veces deja indiferente.

Wim Delvoye, “Truck Tyre”, 2017. © Cortesía de Wim Delvoye / foto: Studio Delvoye, vía RMFAB

Otro de los factores que favorecen el impacto de su discurso es la elección de los formatos. Delvoye no se conforma con piezas de pequeñas dimensiones, sino que se lanza a lo grande, con esculturas e instalaciones que logran una gran presencia en el espacio. De este modo, el montaje de las exposiciones logra romper la quietud de las salas y generar un verdadero diálogo entre el pasado y futuro. El autor, ya veterano en estas propuestas organizadas en museos clásicos, como el Louvre o el Museo de Bellas Artes Pushkin de Moscú, agradece la oportunidad de hacer convivir el arte contemporáneo con el histórico porque atrae a un público que en cierta medida ya ha perdido el interés por lo antiguo. Así, la muestra “Esculturas” de Bruselas se sitúa en medio de los pasillos y salas de exhibición bajo la atenta mirada de los personajes de Rubens, dispuestos en las paredes pintadas en color salmón y aguamarina.

Wim Delvoye, “Cloaca New and Improved”, 2001. © Cortesía de Wim Delvoye / foto: Studio Delvoye, vía sculpturemagazine.art

La extensa obra de Delvoye juega también con la variedad de disciplinas y técnicas, además del uso del clasicismo y de referentes tomados de toda la historia del arte. El resultado es perturbador. Tiempo atrás había presentado una polémica escultura en la que un Cristo crucificado y retorcido sobre sí mismo como un pretzel se exponía frente a un óleo que representaba el entierro de Jesucristo. Otro tanto puede decirse de su pieza “Cloaca New and Improved”, o simplemente “Cloaca”, presidida por un enorme letrero con esta palabra que emula el logotipo de Ford, en la que representa, a modo de cadena de montaje con recipientes de cristal y material de laboratorio, un proceso digestivo al completo cuyo resultado es el esperado: heces servidas en un enorme vaso de precipitados. Asimismo, destaca la instalación “Cabinet”, un conjunto de piezas cerámicas que representan botellas de gas y hojas de sierra circular pintadas en azul con el estilo tradicional de Delf y dispuestas en una vitrina de madera hecha a mano en Indonesia. Esta obra busca concienciar sobre los efectos de la ocupación colonial y su impacto en el curso de la historia, y la forma de tratar este concepto nos obliga a repensar lo que estamos viendo para ir más allá del plano visible.

Wim Delvoye, “Untitled (Fortnite 01)”, 2019. © Cortesía de Wim Delvoye / foto: Studio Delvoye, vía RMFAB

Con una exquisita factura, Delvoye se atreve con numerosos materiales que poco a poco se doblegan al impulso de sus ideas. Ya sea metal, ya piedra, el conjunto de su trabajo es ecléctico y difícil de clasificar. Quizás podríamos agruparlo bajo un hilo conductor común que es el deseo de cuestionar el status quo de las cosas, los supuestos beneficios de esta modernidad galopante que nos enajena y nos atrapa, pero que nos da también la libertad de poder realizar proyectos como los que este autor plantea, y hacerlos convivir con el pasado del arte. Vivimos en un mundo perturbador. Gracias Delvoye.