Art Madrid'26 – UNA NUEVA FORMA DE ARTE EFÍMERO

El reciente caso del lienzo de Banksy que se autodestruyó tras haber sido subastado en Sotheby’s por 1,2 millones de euros vuelve a poner sobre la mesa la cuestión del arte efímero y la vocación con la que algunas obras nacen. En efecto, parece claro que este golpe de efecto del artista de Bristol era una de sus ya conocidas puestas en escena para reabrir el debate sobre el mercado del arte y la especulación en el sector. Pocos creen ya que la escrupulosa casa de subastas no hubiese sometido la pieza a un cuidadoso análisis antes de su salida para detectar que llevaba instalado un aparato eléctrico accionable a distancia. ¿Es esto una burla? ¿Pierde esta obra su condición de arte por el hecho de haber sido concebida para hacerla desaparecer?

Obra de Banksy "Girl With Ballon" en el momento de su destrucción

El “arte efímero” como término hace su aparición en la historia del arte en época reciente para asentarse en plena eclosión de los movimientos performativos e instalativos de la segunda mitad del s. XX. Para llegar a este punto había que superar ideas muy arraigadas del canon occidental sobre la autoría, la perdurabilidad de las obras, la trascendencia personal, el reconocimiento social y la voluntad del individuo de dejar una impronta, un legado, en este caso artístico, que se extendiese más allá de la obra misma. En este esquema de pensamiento, la ocurrencia de crear piezas nacidas para durar apenas un corto período de tiempo, carecía de sentido. No obstante, el concepto de lo efímero sí estaba presente en el ideario colectivo, como el recurso mismo del tempus fugit que tantas narraciones y discursos estéticos ha alimentado, aunque rara vez se producía el salto cualitativo del discurso a la creación de obras fugaces.

Figuras de hielo de la artista brasileña Néle Azevedo, instalación de 2012

Si la presencia de estas ideas se encauza en el pensamiento occidental dentro del marco de la filosofía, como compendio del saber y el conocimiento, en el mundo oriental se trata de una noción mucho más natural y extendida. Con el punto de mira puesto en la contemplación y la búsqueda del equilibrio personal, las manifestaciones efímeras, en la propia caligrafía de pinceles mojados sobre barro que se seca, en los jardines de arena o los circuitos de agua, siempre cambiantes, eran expresiones de momentáneas que casaban a la perfección con la forma de entender la vida y con la “descosificación” de las manifestaciones. Lo importante no es la perpetuidad, sino el momento presente de entendimiento.

Obra en la arena de Andrés Amador

El arte efímero parece beber de ambas corrientes de pensamiento y se define como una creación artística de poca duración en el tiempo. De este modo, se trasciende el afán materialista de la cosa tangible, para centrarse en el significado del mensaje. Con estas obras, además, se exploran otras formas de expresión al margen de la pauta establecida, porque esa libertad del lenguaje no atiende a formatos preconcebidos ni encorsetados. En la eclosión de este movimiento hay también un claro aspecto beligerante, contra el sistema de mercado, contra los cauces impuestos, contra la antigua escuela, contra la vieja pintura, contra el propio arte manido y aburrido que no se critica a sí mismo. Quizás esta era la motivación encubierta de este “espectáculo” de Banksy.

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La obra pictórica de Sergio Rocafort (Valencia, 1995) se articula como un campo de interrogación más que como un sistema de afirmaciones visuales cerradas. Sus pinturas no buscan clausurar el sentido, sino activar una experiencia perceptiva abierta, en la que el espectador se ve implicado en un ejercicio crítico de revisión de los modos de mirar, interpretar y concebir la pintura en el presente. La imagen se presenta así como un territorio inestable, donde la percepción oscila constantemente entre lo visible y lo imaginado, y donde el significado se construye de manera provisional y compartida.

Uno de los ejes estructurales de su trabajo es la tensión entre escala e intimidad. El formato funciona como un dispositivo relacional que alterna la inmersión corporal con la atención concentrada, generando un ritmo expositivo que obliga al espectador a desplazarse, aproximarse y tomar distancia. Esta dinámica espacial dialoga con una pintura situada en un umbral entre figuración y abstracción, que mantiene activa la reflexión sobre el cuadro como ventana y como objeto físico, subrayando su condición material y espacial.

El proceso creativo de Sergio Rocafort se sostiene, asimismo, en una dialéctica entre intuición y control. Lejos de una noción romántica del azar, lo inesperado es entendido como pensamiento pictórico guiado, donde cada decisión, incluso la aparentemente accidental, responde a una conciencia crítica del acto de pintar y a una depuración progresiva de los medios expresivos.


S/T. 2024.Óleo sobre tabla. 30 x 45 cm.


El interrogante se instala en tu pintura. ¿Qué tipo de preguntas deseas que tu obra formule al espectador?

Por lo general mi intención es que la obra suscite más preguntas que respuestas. Al final creo que mi trabajo alude a espacios comunes pero que luego siempre están abiertos a la interpretación. Creo que ese juego entre las propias preguntas, -que me suceden a mí como artista en el taller-, es interesante que luego se trasladen al espectador en la sala. Preguntas por lo general, sobre la manera en la que miramos, la manera en la que interpretamos y la manera en la que concebimos la pintura. Un constante juego entre lo que vemos y lo que imaginamos.


S/T. 2025. Óleo sobre lino. 32,5 x 22,5 cm.


Tus obras parecen tensar constantemente la escala: de lo íntimo a lo envolvente. ¿Cómo decides qué formato necesita cada investigación?

Yo creo que el motivo principal por el que elijo una opción u otra depende del montaje expositivo. Al final, más allá de cómo funcione cada obra, creo que la visión de conjunto es la que completa y la que hace que tenga una coherencia y un sentido. En muchas ocasiones esos contrastes se producen porque una obra pequeña incita a aproximarse a lo íntimo, pero una obra grande puede tener mayor impacto. Al final ese juego de tensiones hace que el espectador se aproxime, se aleje y que se genere un diálogo interesante en la propia sala.

En mi caso, suelo trabajar bastante el gran formato debido al impacto que genera. La necesidad de adaptar las herramientas a la escala permite una mayor expresividad y, por tanto, una experiencia más inmersiva tanto para el artista como para el espectador.


S/T. 2015. Grafito sobre papel. 80 x 65 cm.


La crítica destaca tu atención a la proporción y al detalle. ¿Cómo operas estos dos conceptos en una pintura que rehúye la figuración?

No creo que mi pintura rehúya la figuración; siempre está jugando en los límites de la misma. La mayoría de los referentes que tengo son figurativos, pero busco tensar continuamente la relación entre lo volumétrico y las nociones clásicas de construcción pictórica, sin perder la idea del cuadro como ventana… o más bien, del cuadro como objeto. Esa relación entre el cuadro-ventana y el cuadro-físico me parece fundamental en mi obra; ambos aspectos tienen nexos en común.

El resultado sería muy distinto si uno de los elementos se dejara de lado. Pero el juego no es solo formal: se trata de generar ambigüedad, de crear un punto en el que el espectador deba completarlo. Creo que esto funciona tanto en una figuración hiperrealista como en una abstracción geométrica, que es lo que últimamente estoy haciendo.

La abstracción me permite desprenderme totalmente de la imagen. De hecho, no trabajo con fotografías ni con un imaginario previo; más bien genero mi propia noción de volumen y espacio sin necesidad de tenerlo muy presente. Al final, aunque no parta de un modelo figurativo, esta libertad coexiste con las nociones básicas de la pintura. Neo Rauch, por ejemplo, no necesita una maqueta ni una fotografía, y creo que esa misma libertad está presente en mi obra sin perder esas nociones básicas de la pintura.


S/T. 2025. Óleo sobre lino. 32,5 x 22,5 cm.


En tu relación con el negro, el contraste y la vibración del color, ¿cómo decides cuándo una tensión cromática debe ser contenida o enfatizada?

Creo que en este caso sucede algo similar a lo que pasa con los formatos, depende mucho del espacio expositivo. Un cuadro puede ser pequeño pero tener una gran fuerza de color y un alto nivel de contraste; aunque aluda a lo íntimo, puede generar un impacto visual notable. En un formato más grande puede ocurrir lo contrario, puede haber un bajo contraste o sutilezas que pueden funcionar mejor. Todo depende un poco de la relación que se produzca entre las obras en la sala y de cómo queramos alejar o aproximar al espectador para generar tensión en la mirada. En mi obra siempre ha estado presente la síntesis, la limpieza y la profundidad que ofrecen el color y la materia. Cada vez intento limitar más los recursos para que la obra funcione con lo mínimo. Últimamente, por ejemplo, estoy dibujando mucho y trabajando casi con gamas monocromas, porque dentro de esa sencillez creo que se pueden explorar y revelar muchos matices, tanto en las transparencias, la densidad, el contraste, el color… Ese es, en esencia, el constante juego pictórico de mi trabajo.



¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado o, incluso, el error?

Siempre he pensado que dejo mucho espacio al error y al azar, pero últimamente creo menos en esa versión del proceso creativo. Pienso que siempre hay una reflexión y una mano que guía estos “accidentes”. Sí intento que ocurran cosas imprevistas, pero lo que surge lo llamaría más intuición que azar y trato de acogerlo y guiarlo. Esa es, en esencia, mi manera de entender la pintura.

En cuanto a cómo manejo los tiempos de mis proyectos, para finales de este año tengo prevista una exposición individual en la galería Shiras, que será un buen momento para consolidar los trabajos que he venido realizando y su impacto visual. Últimamente también me estoy centrando en Art Madrid, que se aproxima, y busco que los trabajos expuestos tengan una cohesión, coherencia y limpieza que no habían tenido algunas obras anteriores. Esta vez, la luminosidad y la saturación presentes en parte de mi obra relucen más que nunca, y confío en que resultará un montaje expositivo muy logrado por parte de la galería en la feria.