WARHOL: ABRIÉNDOSE PASO ENTRE COPIAS DE COLOR

 

 

 

Warhol era un outsider. Un artista de origen checo desplazado a Estados Unidos que supo aprovechar las bondades y maldades del sistema social y económico que le dio acogida. Desde sus inicios como diseñador gráfico en Nueva York, este creador desubicado fue capaz de hacer una lectura crítica del entorno para producir las piezas que han hecho de su obra un referente icónico del arte contemporáneo.

 

 

 

Andy Warhol. “Brillo Box”, 19664-1968. Museo colleção Berardo, Lisboa. © 2017 The Andy Warhol Foundation for the Visual Arts, Inc. / VEGAP

 

 

 

La modernidad de sus propuestas, si es que el término se considera apropiado, fue mal entendida al principio. La fama de este artista se labró con perseverancia y obstinación. Siguiendo un patrón fiel a sus ideas y a un espíritu colorista pero no inocuo, Warhol pudo superar los reveses del mercado hasta construir su propia identidad visual.

 

 

 

Andy Warhol. Facsímil del papel pintado con vacas, 1966. Collection of the Andy Warhol Museum, Pittsburgh. © 2017 The Andy Warhol Foundation for the Visual Arts, Inc. / VEGAP

 

 

 

Esta exposición recalca uno de los aspectos esenciales de su proceso creativo, tan relacionado con el arte gráfico. Las posibilidades de reproducción ilimitada de sus obras, un aspecto que refleja la mentalidad americana de la super producción basado en la cadena de montaje, choca con las personalizaciones que Warhol realizaba y con las propias características de este proceso, en el que nunca hay dos piezas absolutamente idénticas. La densidad de las tintas, las imperfecciones del soporte, el desgaste de las planchas… hace que las piezas, incluso concebidas para ser reproducidas en masa, nunca sean idénticas.

 

 

 

Andy Warhol. “Caja de kétchup Heinz”, 1964. Collection of the Andy Warhol Museum, Pittsburgh. © 2017 The Andy Warhol Foundation for the Visual Arts, Inc. / VEGAP

 

 

 

La muestra recorre la trayectoria de este artista hasta su muerte, quien afrontó los últimos años creativos con un giro hacia el mundo empresarial, otro aspecto más que reflejaba el impacto de la idiosincrasia americana en sus elecciones de carrera. Tras un intento de asesinato en 1968, Warhol se convierte en un personaje en sí mismo, un creador que hizo de su propia imagen un elemento icónico a escala internacional.

 

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.