NUESTRA AGENDA DE AGOSTO

Compartimos con vosotros nuestra selección personal de exposiciones en Madrid. No están todas las que son, pero sí son todas las que están.

 

“Lujo y luto”, de Estefanía Martín Sáenz, en el Museo ABC de la Ilustración.

Dentro del programa “Conexiones” iniciado hace siete años por el museo en colaboración con la Fundación Santander se propone a un artista invitado el desarrollo de un proyecto creativo inspirado en dos obras que le sirvan de punto de partida. En esta ocasión, las piezas escogidas fueron un bodegón de Juan de Arellano de la colección Banco Santander y una portada de “Blanco y Negro” de Manuel Escudero, perteneciente a la colección del museo. Partiendo de estas dos obras, Estefanía Martín ha elaborado una propuesta que juega con los conceptos que dan título a la exposición. Lujo y luto conviven en composiciones con reminiscencias orientales y obras que representan muy bien el estilo de esta artista, con motivos florales, bordados y telas. Hasta el 30 de septiembre.

“Victor Vasarely. El nacimiento del Op Art”, en el Museo Thyssen-Bornemisza.

Esta exposición propone un recorrido por la trayectoria de este creador de origen húngaro y afincado en París, desde sus inicios hasta el final de su carrera. Una figura paradigmática a la hora de definir este estilo que, aunque efímero, ha enriquecido los movimientos artísticos posmodernos de la primera mitad del siglo XX. Hasta el 9 de septiembre. Más información aquí

Victor Vasarely, Amir "(Rima)", 1953, Vasarely Múzeum, Budapest

“Eusebio Sempere” en el Museo Centro de Arte Reina Sofía

Esta retrospectiva dedicada a Sempere recoge la carrera de este artista cuya obra presenta conexiones con el arte cinético, un movimiento en plena eclosión en el París de mediados de los 50, época que marcó su despegue como artista reconocido. Desde ese momento, Sempere inicia su proyección internacional, con exposiciones dentro y fuera del país que lo consolidan como un creador de referencia del arte geométrico nacional. Hasta el 17 de septiembre.

Eusebio Sempere, “El reloj”, gouache sobre tabla, 1966.

“En un instante, Marruecos”, en la Casa Árabe

Dentro de la programación de PhotoEspaña 2018, la Casa Árabe organiza esta exposición con obras de nueve fotógrafos marroquíes que retratan la realidad cotidiana de esta país ofreciendo una visión de su sociedad, costumbres y día a día para muchos desconocida. Una invitación a conocer más de cerca a las gentes del país vecino y acercarnos al pulso de su producción contemporánea. Hasta el 23 de septiembre.

M’hamed Kilito. Destinies, 2017 © M’hamed Kilito

“Vistas de Roma”, de Henryk Dąbrowski y la Colección Lázaro, en el Museo Lázaro Galdiano.

Esta exposición plantea un diálogo entre los trabajos de Henryk Dąbrowski sobre la ciudad de Roma, reconocido arquitecto polaco, y las piezas que integran la colección Lázaro Galdiano, quien también era un apasionado de esta ciudad italiana. La exposición se ha organizado en colaboración con el Instituto Polaco de Cultura y la Embajada de Polonia, y ha sido comisariada por Carmen Espinosa, conservadora jefe del museo. Hasta el 9 de septiembre.

“Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos”, Centro de Exposiciones Arte Canal de Madrid.

Aunque resulte duro enfrentarse a este período de nuestra historia reciente convertido en una tragedia de magnitudes impensables, es necesario recordar para no olvidar, para no repetir en el futuro, los errores del pasado. La exposición está organizada por el Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau y llega a España en colaboración con la compañía Musealia. Nuestro país es la primera parada de esta macro exposición que pasará a continuación por otras trece ciudades europeas y norteamericanas. Hasta el 7 de octubre.

Pawel Sawicki © Auschwitz-Birkenau State Museum - Musealia

 

En los años 20 del siglo pasado París seguía ejerciendo un poder de atracción innegable para los movimientos culturales de la época. Y esto era así a pesar de que Estados Unidos, y especialmente Nueva York, comenzaba a despuntar como una país de referencia en plena efervescencia artística. Los estragos de las sucesivas guerras inclinaron la balanza del arte a favor de norteamérica, una tierra extensa, alejada del conflicto directo, no desgastada aún por el peso de la historia y con un prometedor porvenir de espectáculos multitudinarios y de industria cinematográfica por delante.

Berenice Abbott, Vista aérea de Nueva York de noche, 20 de marzo de 1936, International Center of Photography, regalo de Daniel, Richard, y Jonathan Logan, 1984 (786.1984) © Getty Images/Berenice Abbott

Pero volvamos a los años 20. En aquel entonces, el Art Nouveau daba sus últimos coletazos por Europa mientras en Nueva York se integraba, a golpe de diseño urbanístico y rascacielos con estilo, el Art Decó que ha hecho de esta ciudad un emblema. La conexión entre ambas metrópolis se basaba en un intercambio de libre pensamiento puesto de manifiesto en las artes y la arquitectura. Quizás pocos fuesen concientes en aquel momento de que los constructores del Rockefeller Center o el Edificio Chrysler estaban haciendo historia. Eran los ecos de la Gilger Age, una época a caballo entre finales del s. XIX y principios del S. XX donde nacieron los grandes monopolios familiares de la insdrustria norteamericaba en torno a innovaciones importantes como el ferrocarril, la explotación del acero, las vastas cosechas de maíz, la producción ganadera y otros grandes avances en manos de unos pocos. Las familias apoderadas se convirtieron en grandes coleccionistas de arte y en constructores sin mesura que querían demostrar su poder a fuerza de levantar edificios más altos y más icónicos. Lo consiguieron.

Berenice Abbott, West Street, 1932, International Center of Photography, adquirida con fondos del National Endowment for the Arts y el Lois and Bruce Zenkel Purchase Fund, 1983 (388.1983) © Getty Images/Berenice Abbott

El principio de la centuria era un caldo de cultivo idóneo para los artistas. Los estímulos se multiplicaban y las opciones parecían infinitas. A pesar de ello, la vieja Europa seguía representando el refugio de la bohemia, el lugar donde el ambiente de creación se mostraba más propicio para las mentes inquietas, porque había tradición, historia y un relato compartido, alejado de la ebullición repentina del Nueva York levantado de la noche a la mañana y basado en un capitalismo galopante, antesala del Crack del 29. Por eso muchos creadores norteamericanos tendieron puentes vitales entre París y la ciudad norteamericana. Este fue el caso de Berenice Abbott, una fotógrafa nacida en Ohio en 1898 que dejó discurrir su talento a uno y otro lado del charco.

Berenice Abbott, Cañón: Broadway y Exchange Place, 1936, The Miriam and Ira D. Wallach Division of Art, Prints and Photographs, Photography Collection. The New York Public Library, Astor, Lenox and Tilden Foundations © Getty Images/Berenice Abbott

Abbott trabajó mucho el retrato de celebridades, pero por afán documentalista, no por entrega a la farándula y al reportaje social. Le interesaba la representación de la realidad, sin artificios, y formó parte del movimiento de “fotografía directa” que reivindicaba el carácter artístico de esta disciplina sin necesidad intervenir o componer las imágenes. Sus tomas de Nueva York y París son hoy documentos valiosísimos que atestiguan los cambios vertiginosos que experimentaron ambas ciudades. Como reportajes temáticos, su trabajo nos permite conocer hoy un contexto histórico cargado de miseria, esperanza y ambición, en el que se construyeron los cimientos de la sociedad moderna. Aunque los comienzos artísticos de Abbott se centraron en la escultura, su conexión con otros artistas del momento y su interés por la representación de la realidad la llevaron a tantear la fotografía, una disciplina que no volvió a abandonar nunca más.

Berenice Abbott, Rockefeller Center, ca. 1932, cortesí de Howard Greenberg Gallery © Getty Images/Berenice Abbott

La Fundación Mapfre dedica a esta artista su próxima exposición “Berenice Abbott. Retratos de la modernidad”, que inaugurará el 1 de junio. La muestra reúne cerca de 200 piezas de esta creadora infatigable que hizo de París y Nueva York su patria espiritual.