ARTE JOVEN: TALENTO DENTRO Y FUERA DE NUESTRAS FRONTERAS

Desde hace una década se habla mucho de los millennials y de las inquietudes de una nueva generación que ha irrumpido en el nuevo milenio para abordar muchos de los retos que el futuro, con toda su incertidumbre y ambigüedad, nos depara. Es innegable que todo cambio, aunque genere un beneficio, va acompañado de un tiempo de transición en el que los cimientos de los conocido y las estructuras que creíamos inamovibles comienzan a tambalearse. La evolución intrínseca a estos fenómenos va unida a una sensación de desasosiego que las sociedades afrontan desde el apoyo colectivo y desde la necesidad de abrir el debate sobre las preocupaciones, tan nuevas como conocidas, que marcan nuestra evolución y el sino de nuestro tiempo.

Los creadores de nueva generación se han abierto camino en la escena artística centrando parte de su trabajo en abordar temáticas íntimamente conectadas con la realidad del momento. Es el cauce para subvertir el clasicismo, para realizar piezas que muestren el compromiso por el entorno, para hacer de sus obras un manifiesto que trascienda la mera contemplación y se convierta en una forma de expresión plástica de un sentir compartido.

Alejandro Monge

Black Series - The Wind, 2019

Óleo sobre tela

40 x 40cm

En Art Madrid hemos podido constatar este movimiento creciente de artistas del nuevo milenio que se desprenden de prejuicios y arquetipos para centrarse en cuestiones de enorme impacto social que nos afectan a todos. El número de jóvenes creadores ha ido en aumento en las últimas ediciones de la feria, y es palpable también que las sendas de expresión escogidas por muchos de ellos se alimentan de la hibridación artística, la fusión de técnicas, la exploración más allá de la imagen, la búsqueda de una segunda lectura.

Hoy recordamos el trabajo de algunos de estos autores que nos han visitado en la 15ª edición de la feria y nos acercamos a conocer un poco más su obra.

Chen Sheng-Wen

Rusa unicolor swinhoei, 2018

Hilo de hierro e hilo flor danés

30 x 30cm

Chen Sheng-Wen

Martes flavigula, 2017

Hilo de bordar y lienzo, Plástico, Papel higiénico

25.5 x 25.5cm

Entre los artistas que muestran una preocupación por el consumismo excesivo de nuestro tiempo, el agotamiento de los recursos o el devenir de una sociedad alienada destacamos el caso de Alejandro Monge (Zaragoza, 1988) y el de Chen Sheng-Wen (Taichung, Taiwan, 1993).

El trabajo de Monge ha buscado en muchas ocasiones la ironía sobre el valor tangible del dinero y la apreciación superflua de las cosas materiales, muchas veces con instalaciones que replicaban fajos de billetes en depósitos bancarios o cajas fuertes. Sus últimas obras, más pictóricas, muestran un lado oscuro de la sociedad global, ahogada en sus necesidades de producción energética y en la atmósfera contaminada y agresiva en que vivimos en las grandes ciudades.

Por su parte, Chen Sheng-Wen propone un trabajo mucho más delicado de factura manual en el que representa la delicadeza de la naturaleza y su necesidad de cuidado reproduciendo con bordados y técnica mixta numerosos animales de nuestro entorno inmediato. La decisión de Sheng-Wen de emplear materiales reciclados, rescatados de los bosques habitualmente habitados por estos seres, pone de manifiesto la falta de cuidado del hombre y el grado de exposición al que estas especies están sometidas.

Onay Rosquet

Attachments, 2018

Óleo sobre lienzo

200 x 200cm

Onay Rosquet

Tuesday, 2018

Óleo sobre lienzo

80 x 80cm

En una línea semejante se mueve Onay Rosquet (La Habana, 1987) con una obra que transmite un gran equilibrio estético, pero que permite múltiples lecturas. Sus cajas de papeles, a veces plegados, otras arrugados o apilados, nos hacen pensar sobre los problemas de incomunicación de la sociedad de nuestro tiempo mientras plantea el dilema del uso apropiado de los recursos y la generación de residuos con gran impacto medioambiental. De estas dos ideas, la primera sigue siendo la línea maestra de su discurso: la era de la hiperconectividad desemboca en la paradoja del individuo solitario, abandonado, que ha perdido la capacidad de interactuar de forma no tecnológica. Un simple vistazo a sus piezas nos hace pensar en las miles de palabras que no llegan, las cosas que no se dicen, los sentimientos que se reprimen en un contexto dominado por la apariencia de felicidad y la ficción de la perfección.

Instalación de Nina Franco en Art Madrid'20

Otros creadores ponen el acento en la desigualdad social. Nina Franco (Río de Janeiro, 1988) trata de representar la desigualdad de género y el acoso al que muchas mujeres se ven expuestas en su día a día, sobre todo en determinadas sociedades patriarcales. Su obra refleja una gran preocupación por los conflictos sociopolíticos contemporáneos.

Adlane Samet

Tiens, 2016

Acrílico

144 x 120cm

Adlane Samet

Gants noir, 2018

Acrílico sobre tela

100 x 80cm

Por su parte, Adlane Samet (El Harrach, Argelia, 1989) trata la desigualdad desde la perspectiva de su entorno inmediato, lanzando al conjunto del mundo la pregunta de dónde se sitúan determinadas sociedades en el panorama global, donde parece haber países de primera clase y países de segunda. Su trabajo resulta visceral y colorista, y el propio impulso del trazo exterioriza esa vitalidad auténtica y pura de los entornos no contaminados por las ideas importadas.

Cristina Gamón

60 Marina, 2016

Técnica mixta sobre metacrilato

81 x 130cm

Cristina Gamón

Colores Fronterizos, 2016

Acrílico sobre metacrilato

100 x 70cm

Destacamos también la obra de Cristina Gamón (Valencia, 1987), una artista que explora la evolución de la pintura con la incorporación de nuevos materiales y la integración de los plásticos como soporte. Sus trabajos nos recuerdan a paisajes de zonas áridas, a experimentos de laboratorios o a los dibujos tornasolados del aceite sobre el agua. Su objetivo es ofrecer una pintura contemporánea con materiales representativos de nuestro tiempo, sin perder la fuerza expresiva del color.

 

Los orígenes del arte de acción pueden situarse en los movimientos dadaístas y surrealistas de 1920, donde empiezan a verse los primeros acontecimientos o encuentros en los que se consolidan los término collage o assemblage; sin embargo, no es hasta la década de los 60 cuando estas manifestaciones adquieren entidad propia y se constituyen en un movimiento artístico independiente. El arte de acción, también llamado arte en vivo, ahonda en la idea de que no se puede separar el proceso de creación artística de la propia vivencia, como si todo estuviese conectado y el verdadero arte es el que tiene lugar en los procesos, no tanto en los resultados materializados.

Olga Diego preparándose para la performance. Foto de Marc Cisneros

A la evolución de esta idea contribuyó notablemente Allan Kaprow, un artista nacido en Atlantic City y que otorgó verdadero significado a los términos happening o performance. En la visión de este autor, el arte cobra sentido en la interrelación del artista con el espectador en el proceso de creación artística. Kaprow acuñó una frase célebre en este movimiento:

La línea entre el arte y la vida debe mantenerse tan fluida, y quizá indistinta, como sea posible

Artista incansable, contribuyó notablemente a los movimientos fluxus y body art, y realizó infinidad de “actividades” (así las llamaba) a lo largo de su carrera. Hoy debemos mucho a este precursor, que se dejó llevar por el impulso creador canalizado en acciones donde lo efímero y lo vivencial se fusionan.

Eunice Artur y Bruno Gonçalves durante la performance. Foto de Sara Junquera

Hoy el arte performativo sigue despertando una enorme curiosidad, pese a haber transcurrido 60 años desde su nacimiento. No obstante, dentro de la historia del arte, sigue siendo una corriente aún novedosa y minoritaria. Precisamente por ello, Art Madrid quiso trasladar el arte de acción al entorno de la feria y compartir con el público una experiencia artística, distinta de la oferta expositiva de las galerías participantes, para que el contacto con el pulso contemporáneo actual se transformase en un recuerdo, un acontecimiento, una vivencia. El carácter momentáneo de estas acciones, su naturaleza efímera en que solo existen en el aquí y ahora, hace que cada propuesta sea doblemente interesante porque es totalmente irrepetible.

El programa “Art Madrid-Proyector’20” incluyó cuatro intervenciones durante los días de la feria. Hemos tenido ocasión de recordar dos de estas performances en las que dominaba el sonido y la imagen de vídeo, de la mano de Iván Puñal y Arturo Moya y Ruth Abellán. Hoy damos paso a las otras dos, cuya principal característica es la generación de un espacio intimista, una suerte de realidad paralela que plantea dudas en el espectador sobre qué está viendo y cómo debe interpretarlo.

Eunice Artur durante la performance. Foto de Sara Junquera

Una de estas obras fue “Partidura”, de la artista portuguesa Eunice Artur en colaboración con Bruno Golçalves, que tuvo lugar el jueves 27 a las 20h. Este proyecto explora la idea de elaborar una notación musical para las nuevas formas de sonido electrónico, y lo hace a través de una intervención en directo a la que se incorporan elementos vegetales, cuerdas que vibran con el sonido y mucho polvo de carboncillo, con el propósito de que sean las ondas sonoras las que muevan los elementos y “dibujen” su propia representación gráfica. La performance muestra a Eunice interactuando con estos elementos mientras Bruno emite sonidos amplificados con una guitarra eléctrica. El conjunto resulta misterioso y poético, al mismo tiempo. El deseo de transformar el sonido en una plasmación pictórica se despliega en acciones delicadas, medidas y sigilosas para interferir lo menos posible en el proceso. Eunice se mueve entre pliegos de papel colgados del techo cubiertos de polvo de grafito, y busca el ángulo apropiado para hacer vibrar unas cuerdas que atraviesan los pliegos en diagonal. Este proceso de creación en directo se basa en la espera y la contemplación, envuelto en una música que parece un mantra venido de otras tierras.

Olga Diego y Mario Gutiérrez Cru antes de la performace. Foto de Marc Cisneros

La última performance del ciclo fue protagonizada por Olga Diego, el sábado 29. La entrada de la feria se transformó en un escenario improvisado en el que la artista llevó a cabo su acción “The bubble woman show”. Olga Diego lleva tiempo trabajando sobre el concepto de vuelo y su integración en el arte a través de artefactos que puedan volar de manera autónoma, sin combustión. Uno de sus proyectos más ambiciosos en este tema es “El jardín autómata”, una enorme instalación de un centenar de figuras hinchables hechas con plástico transparente que ocupó los 1.000 m2 de Museo de Arte Contemporáneo de Alicante y la Sala de Exposiciones Lonja del Pescado, también en Alicante. Esta propuesta, además de ahondar en la investigación sobre la ligereza de los materiales y la capacidad de mantenerse en suspensión con el máximo ahorro energético, es una crítica abierta al uso desmesurado del plástico en nuestro entorno y a su aberrante poder de contaminación.

Foto de Ricardo Perucha

“The bubble woman show” es una acción que implica al espectador. Olga se introduce en una burbuja gigante de plástico translúcido sin que el aire de su interior se escape, y así, como si fuese una pompa de jabón, se mueve por el espacio hasta que invita a alguien del público a entrar con ella en la burbuja y compartir un momento íntimo. Ese diálogo personal es la parte más desconocida y misteriosa del proceso, y nos invita a reflexionar sobre las situaciones de aislamiento, sobre el retorno al útero materno, sobre la necesidad de resguardarse del excesivo ruido de este mundo acelerado.

Ambas acciones despertaron el asombro de los visitantes y convirtieron la feria en un espacio en el que el arte en vivo tuvo un papel transformador dentro de la amplia oferta artística que el evento ofrece cada año.