CUATRO ARTISTAS ALEJADOS DE LO COMÚN CON LA GALERÍA ESPIRAL

La Galería Espiral, veterana de la feria Art Madrid, propone en esta edición, un viaje a los universos creativos de cuatro artistas que representan en su obra líneas discursivas diferentes, pero con una clara tendencia hacia la abstracción más pura. Un elemento común en la obra de estos artistas (todos de la misma generación) es su búsqueda personal, una necesidad imperiosa que les aleja de lo común. Ellos son: Nacho Angulo, José Carlos Balanza, Luis Medina y Eduardo Vega de Seoane. Artistas que hacen ver.

Los artistas madrileños Nacho Angulo y Eduardo Vega de Seoane han estado presentes en casi todas las propuestas expositivas de la Galería Espiral para Art Madrid. De esta manera, hemos podido ver la evolución en el lenguaje creativo de ambos a lo largo de los años, culminando con creaciones sólidas en las que perviven los interrogantes. El artista multidisciplinar José Carlos Balanza cuenta con una dilatada carrera artística. Por su parte, el artista, antes ingeniero industrial, Luis Medina, ha participado en numerosas exposiciones individuales en España.

José Carlos Balanza

E281119, 2019

Baldosa, Acero, Pintura y Hierro

20 x 73cm

Luis Medina

Space 7, 2019

Acrílico sobre lienzo

50 x 50cm

Nacho Angulo (Madrid, 1950), se formó como pintor con Martín Sáez, amigo de su padre, para más adelante estudiar arquitectura con Arturo Pardos en una academia por la que pasaron algunos de los más conocidos artistas de su generación. Angulo utiliza la madera como componente principal, creando su propio lenguaje. A partir de éste material orgánico, juega con las texturas y la distribución en el espacio.

”Sus pinturas son construidas por capas, por tiempos, manejando ritmos de su pasión por la música, silencios oscuros y vívidos colores ondulados de rizomas, “tiempo y espacio”, de su admirado Deleuze. Ser "carpintor", como él se ha nombrado en tantas ocasiones, nos lleva a pensar en alguien que construye sus pinturas con maderas, ni bellas ni elegantes maderas, sino maderas de la industria, de la obra, de nuestro tiempo apurado y reciclado (...)” (así define Luis Martos al artista en un reciente catálogo)

Nacho Angulo

La rueda roja, 2013

Técnica Mixta sobre madera

100 x 100cm

El escultor José Carlos Balanza (Logroño, 1958), tiene una dilatada experiencia en exposiciones individuales y colectivas. Su piezas forman parte de importantes colecciones como el Museo Würth de La Rioja, la Fundación Margarita Montferrato en Balaguer o la Fundación Antonio Saura de Cuenca.

Balanza parte de planteamientos conceptuales desvelados en escultura fundamentalmente en hierro, donde el propio tiempo del arco de soldar se convierte en el lápiz y el pincel que testimonian su propia vida. En su últimas obras, se aleja del hierro abriéndose a nuevos materiales: cerámica industrial, tornillería y una especie de goma-pintura con estructura de malla metálica, como material de apariencia extraña y peculiar flexibilidad mediante el cual consigue esa expresividad tan especial, creando objetos parciales, volantes sobre espacios de negro cerámico, cocina oscura y cosmos infinitos.

”El objeto resultante como inicio y final de la suma de todo lo que conforma la distancia, la que queda definida por el dibujo de mi vida, por la suma de todas y cada una de las estructuras que han sido necesarias para caminar, sobre ellas, con todo aquello que soy para ir llegando.”

Eduardo Vega de Seoane

En el jardín, 2019

Acrílico, Óleo y Collage sobre lienzo

130 x 97cm

Luis Medina (Santander, 1955), se estrena en Art Madrid con la galería Espiral. La personalidad artística de Medina es más formalista y normativa que la de sus compañeros de stand. Su formación es más técnica, procedente de la ingeniería industrial, pero su abstracción no es rigorista sino experimental, ampliamente colorista, tocando una cara amable y casi musical del ámbito geométrico.

El color es un elemento fundamental en la obra del artista santanderino, a través de juegos cromáticos, Luis Medina expresa y crea una perspectiva minimalista. Buscando siempre un equilibrio en la composición; algunas veces la línea, los planos, la geometría en suma, se apropia su expresivo discurso. Otras veces se acerca a la abstracción lírica donde el puro sentimiento del color puede con todo.

Luis Medina

NG8, 2019

Acrílico papel

102 x 76cm

Completa la propuesta expositiva de la galería cántabra, el artista Eduardo Vega de Seoane (Madrid, 1955), quien cuenta con una trayectoria como pintor ya consolidada tanto en España como en Europa, principalmente en Alemania, donde expone con frecuencia y goza de un merecido reconocimiento. Su amplia carrera artística le ha llevado a participar en importantes ferias internacionales en Zurich, Chicago, Washington, Alemania, Holanda y Bélgica.

La obra de Vega de Seoane oscila entre el expresionismo abstracto y el neo informalismo, aunque él huye de la definición. En su obra podemos ver una geometría oculta que mantiene cada momento en su sitio. En sus pinturas vive el ritmo. “Me gusta que no se sepa que va a suceder después, como en la naturaleza se vive el paisaje de la vida a la muerte por sí mismo.”

 

La adquisición de la primera obra de arte siempre infunde respeto. Un sentimiento difícil de definir que mezcla el vértigo con la adrenalina. Pero por encima de la incertidumbre y la cautela, se impone una sensación placentera de conexión, entendimiento y deseo. Esa obra que, una vez vista, se queda en la memoria, reaparece en el recuerdo varias veces al día y parece querer decirte que está dispuesta a formar parte de tu hogar, es la candidata perfecta para decantar la decisión.

En los primeros pasos, muchos coleccionistas coinciden en señalar que no se parte de un plan establecido, sino que uno va adquiriendo piezas en función del gusto y de la conexión que siente con ellas hasta que, pasado el tiempo, se dan cuenta de que el volumen de obras que acumula puede recibir la etiqueta de “colección”. Así lo relata, por ejemplo, Alicia Aza, cuando afirma que

“No fui consciente de que estaba coleccionando hasta muchos años después, cuando un tercero me nombró como coleccionista y habló de mi colección. En 2005 tomé conciencia de lo que supone coleccionar y decidí articular una colección con una identidad de criterios y soportes”.

Comparte esta misma opinión Marcos Martín Blanco, cofundador, junto a su mujer Elena Rueda, de la Colección MER:

“Coleccionar ha sido una pasión, movida por un estado visceral que te incita a ello. La colección en cuanto a las adquisiciones no ha sido especialmente complicada porque, reconozcámoslo: es fácil comprar porque son todas cosas bellas y tienes alguna idea clara de por dónde quieres ir, pero al principio esas preferencias no estaban tan claras. Es con el tiempo cuando va conformándose un criterio”.

No siempre sucede así, por supuesto, pero para el comprador que se inicia en este sendero, la vinculación personal que traba con su primera pieza es fundamental. Ahí está el germen de una relación duradera que no se limita a una simple cuestión estética, sino que es una ventana abierta al conocimiento, a la exploración, a un mundo que muchas veces nos es desconocido y despierta nuestra fascinación. La semilla de esa conexión es puramente sentimental, y es precisamente ese impulso el que determina las primeras adquisiciones. La primera pieza nunca se olvida.

Art Madrid'20, foto de Ana Maqueda

Superando las recomendaciones habituales que se hacen por parte de asesores y agentes, rara es la ocasión en que el amante del arte se decide a comprar por pura inversión. Esos caminos suelen abrirse más adelante, cuando ya el volumen de piezas es considerable. Además, hay quien está un poco en contra de este concepto clásico del coleccionista tradicional, abordado desde una visión excéntrica, elitista y poco accesible. Muy al contrario, los compradores de arte son, por encima de todo, amantes del arte, seres sensibles y permeables al estímulo creativo que en un momento dado se deciden a profundizar en esa relación que ya mantienen con el arte para llevarse una pieza a su casa.

No es tan complicado superar esa pequeña barrera psicológica que convierte al visitante en comprador si se aborda el tema desde una óptica más personal e intimista que de consideración social. Para ello son de gran ayuda las obras de pequeño formato, la obra gráfica o la fotografía seriada, cuya horquilla de precios, por lo general más asumible, permite hacer una comparación más próxima a los gastos que pueden abordarse de manera cotidiana. De este modo, la compra de arte entra dentro del abanico de actividades factibles y se transforma en algo próximo y posible.

Art Madrid'20, foto de Marc Cisneros

En ese momento comienza una relación con el arte distinta, basada en la pura experiencia y en la convivencia con la pieza adquirida. Quizás pueda verse como un acto de atrevimiento, pero en numerosas ocasiones es más una cuestión de necesidad y de transformación. Los coleccionistas también coinciden en señalar que la adquisición de obra es un ejercicio de análisis personal y de abrirse a un nuevo campo de conocimiento que antes nos era ajeno. Alicia Aza explica que la razón por la que adquirió su primera pieza de videoarte, de Sergio Prego, es porque no la entendía y porque la veía como un reto y una oportunidad de superarse personalmente. Esta ventana abierta al conocimiento da lugar a nuevas conexiones y a entablar vínculos con los creadores, como una de las partes más fascinantes del proceso. Candela Álvarez Soldevilla explica que

“creo que lo más interesante en el mundo del arte es hablar con los artistas. Son personas provistas de una sensibilidad especial a las que escuchar y entender”

Y Alicia Aza también dice:

“Puedo compartir la satisfacción de poder contar hoy en mi círculo de amistades más cercanas con muchos artistas y eso supone un largo camino recorrido”.

Así, con obras que se presentan como asumibles dentro del horizonte de gastos que cada uno estima viable, es fácil encontrar una pieza que nos atrape. Desde ese momento, nuestro hogar también evoluciona hacia un espacio en el que el arte tiene un lugar y una presencia permanentes, y no cabe duda de que eso nos transforma por dentro.

Art Madrid'20, foto de Henar Herguera

Jaime Sordo, propietario de la colección Los Bragales y fundador de la Asociación de Coleccionistas de Arte Contemporáneo 9915, siempre ha definido su relación con el arte como una verdadera pasión y una necesidad vital. Para los compradores que se inician en esta senda tiene la siguiente recomendación:

“Es condición imprescindible que sienta la necesidad de convivir con la pasión de disfrutar de las obras. Otro aspecto muy importante es que antes de la toma de decisiones para las compras se informen, con lo cual es necesario leer prensa y libros especializados, visitar exposiciones y museos y mucho contacto con el galerismo, que es una fuente importante de información y muy concreta de los artistas que representa. Por último, la presencia en ferias de arte nacionales e internacionales. Todo ello genera información y formación”.

En efecto, las ferias se han convertido en un buen lugar para el descubrimiento porque condensan una amplia oferta y permiten una toma de contacto diversa y global de forma concentrada. Por esta razón, muchos compradores de nueva generación se inician en el contexto de un evento como Art Madrid, cuya cercanía y calidad constituyen una oportunidad única de conocer, empaparse y contagiarse de la pasión por el arte.


(*) citas extraídas de varias entrevistas difundidas en medios de comunicación públicos entre 2013 y 2019.