GALERÍA MARITA SEGOVIA: CAMPOS DE COLOR, GEOMETRÍA Y ABSTRACCIÓN

La galería madrileña Marita Segovia expondrá en Art Madrid, una selección de obra de cuatro artistas con identidades y discursos artísticos diferentes pero con claras conexiones estéticas, formales y simbólicas. Abstracción y geometría definen la obra de estos cuatro creadores contemporáneos: Anke Blaue, Eduardo Martín del Pozo, Lourdes García O’Neill y Manolo Ballesteros.

La pintura de los campos de color es uno de los múltiples movimientos que surgen con el expresionismo abstracto americano, siendo su máximo exponente Mark Rothko. Las composiciones en las “colour field paintings” se caracterizan por grandes superficies planas combinadas de color en las que se juega con diferentes matices lumínicos. La artista Anke Blaue (Alemania, 1967), va más allá del juego cromático y crea, sin impedimentos, una comunicación espontánea a través del efecto visual producido por la característica inherente del propio material utilizado.

Los azules, verdes, rojos y amarillo elegidos por Blaue se hacen más solemnes al estar plasmados sobre piezas de linos antiguos, superpuestos pacientemente unos sobre otros, creando líneas compositivas de una extrema sutileza que unidas al granulado propio del tejido producen una especial agitación y sensación de abismo.

Anke Blaue

AB479, 2018

Tela sobre tela

160 x 160cm

Anke Blaue

AB476, 2018

Óleo sobre lino antiguo

130 x 150cm

Los planos de color son también una constante en la obra de Manolo Ballesteros (Barcelona, 1965), quien suele combinar en sus obras dos colores como máximo. Ballesteros intenta buscarse a sí mismo. Para él “la pintura es una forma de pensar, nunca tiene un significado concreto. Lo que sí tiene es musicalidad, tiende a la espiritualidad por el ritmo, los espacios y los tonos de color”.

En sus gouaches sobre papel crea formas geométricas que sutilmente se apoderan del lienzo originando formas caprichosas. Durante los últimos años su trabajo ha experimentado en el terreno de la abstracción, jugando con la complejidad geométrica a través de la uniformidad de los pigmentos y la reducción de los perfiles. Como resultado de estas investigaciones su obra más reciente es reflejo de la convergencia de formas redondeadas sobre fondos monocromáticos donde el espectador queda atrapado en un arte enérgico y dinámico.

Manolo Ballesteros

Pajarita, 2019

Gouache sobre papel

111 x 91cm

Lourdes García O'Neill

Sin Título, 2019

Óleo sobre lienzo

192 x 178cm

En las composiciones de Lourdes García O'Neil, volvemos a ver reminiscencias de algunas tendencias artísticas pertenecientes al movimiento expresionista americano. La artista sevillana, combina en sus lienzos de gran formato, formas abstractas de diferentes colores. Mediante color y forma, y dejándose llevar por el sentimiento, en su obra más reciente consigue una síntesis que descarta cualquier elemento insustancial antes contenido en ella.

En algunas obras de García O’Neil, las formas se diluyen en el plano, trasladándonos a los “bloques de color” de la artista estadounidense Helen Frankenthaler. Sin caer en la geometría de ellos, su producción puede sugerirnos la del Equipo 57 por la factura de su trazo suelto y fragmentado.

Eduardo Martín del Pozo

2017.53, 2017

Pigmentos en emulsión acrílica y vinílica sobre papel

94 x 64cm

Eduardo Martín del Pozo (Madrid, 1974) es quizás, de los cuatro artistas, el que tiene una propuesta más figurativa. En algunas de sus obras como encontramos espacios simulados, mientras que, en otras cómo “2017.53”, estos espacios se desvanecen convirtiéndose en ingrávidos e imprecisos. La obra **“2018.24” nos muestra como Martín del Pozo acentúa la indeterminación de la configuración de su obra, acentuando la pureza y definición de su gesto, lo que hace que éste origine un entramado pendido en la superficie del soporte.

La investigación de Martín del Pozo se fundamenta en las relaciones que pueden establecerse entre las artes plásticas y otras manifestaciones, en concreto la música. El artista juega con el ritmo, la repetición y la simetría como si sus obras fueran estructuras musicales.

La adquisición de la primera obra de arte siempre infunde respeto. Un sentimiento difícil de definir que mezcla el vértigo con la adrenalina. Pero por encima de la incertidumbre y la cautela, se impone una sensación placentera de conexión, entendimiento y deseo. Esa obra que, una vez vista, se queda en la memoria, reaparece en el recuerdo varias veces al día y parece querer decirte que está dispuesta a formar parte de tu hogar, es la candidata perfecta para decantar la decisión.

En los primeros pasos, muchos coleccionistas coinciden en señalar que no se parte de un plan establecido, sino que uno va adquiriendo piezas en función del gusto y de la conexión que siente con ellas hasta que, pasado el tiempo, se dan cuenta de que el volumen de obras que acumula puede recibir la etiqueta de “colección”. Así lo relata, por ejemplo, Alicia Aza, cuando afirma que

“No fui consciente de que estaba coleccionando hasta muchos años después, cuando un tercero me nombró como coleccionista y habló de mi colección. En 2005 tomé conciencia de lo que supone coleccionar y decidí articular una colección con una identidad de criterios y soportes”.

Comparte esta misma opinión Marcos Martín Blanco, cofundador, junto a su mujer Elena Rueda, de la Colección MER:

“Coleccionar ha sido una pasión, movida por un estado visceral que te incita a ello. La colección en cuanto a las adquisiciones no ha sido especialmente complicada porque, reconozcámoslo: es fácil comprar porque son todas cosas bellas y tienes alguna idea clara de por dónde quieres ir, pero al principio esas preferencias no estaban tan claras. Es con el tiempo cuando va conformándose un criterio”.

No siempre sucede así, por supuesto, pero para el comprador que se inicia en este sendero, la vinculación personal que traba con su primera pieza es fundamental. Ahí está el germen de una relación duradera que no se limita a una simple cuestión estética, sino que es una ventana abierta al conocimiento, a la exploración, a un mundo que muchas veces nos es desconocido y despierta nuestra fascinación. La semilla de esa conexión es puramente sentimental, y es precisamente ese impulso el que determina las primeras adquisiciones. La primera pieza nunca se olvida.

Art Madrid'20, foto de Ana Maqueda

Superando las recomendaciones habituales que se hacen por parte de asesores y agentes, rara es la ocasión en que el amante del arte se decide a comprar por pura inversión. Esos caminos suelen abrirse más adelante, cuando ya el volumen de piezas es considerable. Además, hay quien está un poco en contra de este concepto clásico del coleccionista tradicional, abordado desde una visión excéntrica, elitista y poco accesible. Muy al contrario, los compradores de arte son, por encima de todo, amantes del arte, seres sensibles y permeables al estímulo creativo que en un momento dado se deciden a profundizar en esa relación que ya mantienen con el arte para llevarse una pieza a su casa.

No es tan complicado superar esa pequeña barrera psicológica que convierte al visitante en comprador si se aborda el tema desde una óptica más personal e intimista que de consideración social. Para ello son de gran ayuda las obras de pequeño formato, la obra gráfica o la fotografía seriada, cuya horquilla de precios, por lo general más asumible, permite hacer una comparación más próxima a los gastos que pueden abordarse de manera cotidiana. De este modo, la compra de arte entra dentro del abanico de actividades factibles y se transforma en algo próximo y posible.

Art Madrid'20, foto de Marc Cisneros

En ese momento comienza una relación con el arte distinta, basada en la pura experiencia y en la convivencia con la pieza adquirida. Quizás pueda verse como un acto de atrevimiento, pero en numerosas ocasiones es más una cuestión de necesidad y de transformación. Los coleccionistas también coinciden en señalar que la adquisición de obra es un ejercicio de análisis personal y de abrirse a un nuevo campo de conocimiento que antes nos era ajeno. Alicia Aza explica que la razón por la que adquirió su primera pieza de videoarte, de Sergio Prego, es porque no la entendía y porque la veía como un reto y una oportunidad de superarse personalmente. Esta ventana abierta al conocimiento da lugar a nuevas conexiones y a entablar vínculos con los creadores, como una de las partes más fascinantes del proceso. Candela Álvarez Soldevilla explica que

“creo que lo más interesante en el mundo del arte es hablar con los artistas. Son personas provistas de una sensibilidad especial a las que escuchar y entender”

Y Alicia Aza también dice:

“Puedo compartir la satisfacción de poder contar hoy en mi círculo de amistades más cercanas con muchos artistas y eso supone un largo camino recorrido”.

Así, con obras que se presentan como asumibles dentro del horizonte de gastos que cada uno estima viable, es fácil encontrar una pieza que nos atrape. Desde ese momento, nuestro hogar también evoluciona hacia un espacio en el que el arte tiene un lugar y una presencia permanentes, y no cabe duda de que eso nos transforma por dentro.

Art Madrid'20, foto de Henar Herguera

Jaime Sordo, propietario de la colección Los Bragales y fundador de la Asociación de Coleccionistas de Arte Contemporáneo 9915, siempre ha definido su relación con el arte como una verdadera pasión y una necesidad vital. Para los compradores que se inician en esta senda tiene la siguiente recomendación:

“Es condición imprescindible que sienta la necesidad de convivir con la pasión de disfrutar de las obras. Otro aspecto muy importante es que antes de la toma de decisiones para las compras se informen, con lo cual es necesario leer prensa y libros especializados, visitar exposiciones y museos y mucho contacto con el galerismo, que es una fuente importante de información y muy concreta de los artistas que representa. Por último, la presencia en ferias de arte nacionales e internacionales. Todo ello genera información y formación”.

En efecto, las ferias se han convertido en un buen lugar para el descubrimiento porque condensan una amplia oferta y permiten una toma de contacto diversa y global de forma concentrada. Por esta razón, muchos compradores de nueva generación se inician en el contexto de un evento como Art Madrid, cuya cercanía y calidad constituyen una oportunidad única de conocer, empaparse y contagiarse de la pasión por el arte.


(*) citas extraídas de varias entrevistas difundidas en medios de comunicación públicos entre 2013 y 2019.