Art Madrid'26 – PRESENCIAS: GALERÍAS PORTUGUESAS EN ARTMADRID´23

En sus diecisiete ediciones anteriores la feria Art Madrid ha sido un escenario en el que se han dado encuentro galerías portuguesas, convirtiendo nuestro evento en una cita ineludible para descubrir y apreciar la actualidad de una representación importante de la producción visual de las artes portuguesas. Y poner sobre la mesa el interés de estos espacios asentados ya, en la internacionalización de su mercado dentro y fuera de Portugal. En nuestro encuentro, del 22 al 26 de febrero próximos, regresan galerías que ya son habituales en el contexto de la feria como: Art Lounge Gallery, (Lisboa), Nuno Sacramento Arte Contemporânea, (Ílhavo), Galeria São Mamede, (Lisboa) y se incorpora a la nómina Trema Arte Contemporânea, (Lisboa). Veinte artistas aterrizarán en la capital de la mano de estos espacios para mostrar sus más recientes trabajos. Impera en esta edición la pintura, la fotografía, la escultura y el dibujo.

Lúcia Davis, “Rubbish”. Trema Arte Contemporáneo ©

Las propuestas expositivas de las galerías destacan por la experimentación con los soportes y la materia. Desde relecturas poético-plásticas de los objetos cotidianos, (Trema Arte Contemporânea); la disrupción de la fotografía, (Nuno Sacramento Arte Contemporânea); la pintura y el dibujo como herramientas experienciales, (Galeria São Mamede) y la interrelación entre el ejercicio pictórico y el espacio que lo contiene, (Art Lounge Gallery). Estas pinceladas arrojan luces sobre el interés de cada uno de estos exponentes por transitar con buen pie los caminos de la producción visual contemporánea en Portugal y su representación a instancias del mercado.

Sofia Areal, “Coração e Noite” 2010. Galería São Mamede ©

Especial atención merece Trema Arte Contemporânea, que comenzó su actividad con un grupo de artistas portugueses emergentes y hoy se reconoce en el circuito galerístico portugués como una de las galerías de mayor nivel. Durante más de veinte años ha marcado el eclecticismo del arte portugués más actual y de otros artistas extranjeros con proyectos innovadores. De su nómina queremos destacar a Carlos Barão, un artista espontáneo que centra su investigación en la búsqueda de sensaciones que rozan la ensoñación dentro de la pintura. Y los trabajos de Lúcia David que se enfrasca en el dibujo para enarbolar las raíces de una puesta en escena imperfecta y arrojada. La Galeria São Mamede abrió sus puertas en la década de los sesenta y su interés siempre ha estado enmarcado dentro del modernismo portugués y el movimiento contemporáneo. De su nómina resaltamos la participación de Sofía Areal, una de las pintoras más relevantes de su generación y Nélio Saltão artista autodidacta con una importante trayectoria en la pintura y la experimentación con el color.

João Noutel, “Future”, 2022. Art Lounge Gallery ©

Mientras que la serie de retratos de Nuno Horta, (Mirandela, Bragança, Portugal, 1977) repite en ArtMadrid con Nuno Sacramento Arte Contemporânea. La grande belleza queda congelada en las aproximaciones que a la figura humana conjura este artista, totalmente fanatizado por la perfección y el endiosamiento de los rostros. En una búsqueda intrínseca por las proporciones áureas, la fisonomía humana se convierte en un relato actualizado de la experimentación con la luz y el color fluorescentes. El tratamiento a los íconos de la posmodernidad en la obra de João Noutel, (Oporto, Portugal, 1971), es otro de los acercamientos que propone Art Lounge Gallery, a la pintura. El artista trabaja una interesante propuesta pictórica, con la que relata los complejos mecanismos de la imagen y su deconstrucción o reconversión en objeto del deseo, en los tiempos que nos acogen. Las artes visuales portuguesas muestran con estas representaciones en nuestra feria, el fuerte movimiento contemporáneo que se respira en el circuito galerístico al que pertenecen.

nuno Horta, “Dominion”, 2021. Nuno Sacramento Arte Contemporânea ©




CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La obra de Julian Manzelli (Chu) (Buenos Aires, Argentina, 1974) se sitúa en un territorio de investigación donde el arte adopta metodologías próximas al pensamiento científico sin renunciar a su dimensión poética y especulativa. Su práctica se estructura como un proceso abierto de experimentación, en el que el taller funciona como laboratorio: un espacio de ensayo, error y verificación, más orientado a la producción de nuevas formas de percepción que a la obtención de certezas. En este sentido, su trabajo dialoga con una epistemología de la incertidumbre, afín a tradiciones filosóficas que entienden el conocimiento como devenir y no como cierre.

Manzelli explora zonas intersticiales, entendidas como espacios de tránsito y transformación. Estas áreas ambiguas no se presentan como indefinición, sino como potencia: lugares donde las categorías se disuelven y permiten la emergencia de configuraciones híbridas, casi alquímicas, que reprograman la mirada.

La geometría, lejos de operar como sistema normativo, aparece tensionada y desestabilizada. Sus construcciones precarias articulan un cruce entre intuición y razón, juego e ingeniería, evocando una gramática universal presente tanto en la naturaleza como en el pensamiento simbólico. Así, las obras de Manzelli no representan el mundo, sino que lo transfiguran, activando preguntas más que respuestas cerradas.


Avícola. Escultura magnética. Madera, imanes, laca automotriz y acero. 45 x 25 cm. 2022.


La ciencia y sus métodos inspiran tu proceso. ¿Qué tipo de paralelismos encuentras entre el pensamiento científico y la creación artística?

La ciencia y el arte son dos disciplinas que creo tienen mucho en común y sin duda están muy interrelacionadas. A mí me interesa ese cruce y a pesar de que muchas veces se ponen en lugares opuestos, creo que comparten y tienen un mismo origen. En ambos está esa búsqueda continua, esa necesidad de respuestas que viene desde la curiosidad, no tanto desde la certeza y que a veces, o en muchos casos, tanto a los artistas como a los científicos, los lleva a ponerse en lugares incómodos e inciertos y a salirse de su zona de confort. Creo que eso es algo en común y muy interesante de estas dos disciplinas que de alguna forma son las que nos definen como humanos.

En ese sentido, ambas comparten la experimentación como eje de su práctica. La prueba, el error, los ensayos y todo este proceso son los que van generando el desarrollo. En mi caso, esto se aplica al taller: lo vivo como un laboratorio donde se desarrollan distintos proyectos, donde voy testeando materiales. Es como si uno genera una hipótesis y luego la pusiera a prueba: los materiales, los procedimientos, las formas, los colores, y se obtienen resultados. Resultados que no buscan ser verificados, sino que en el arte tienen, creo yo, la función de generar nuevos modos de percepción, nuevas miradas y experiencias.


Receptor Lunar #01. Ensamble de Madera Reciclada torneada. 102 x 26 x 26 cm. De la serie Fuerza orgánica. 2023.


Trabajas desde los intersticios entre lo natural y lo artificial, lo figurativo y lo abstracto. ¿Qué te interesa de esas zonas ambiguas y qué tipo de conocimiento emergen de ellas?

Siempre fui bastante inquieto y eso me llevó a meterme y sumergirme en distintos ámbitos, distintas disciplinas. Creo que hay una riqueza especial en los lugares intersticiales, en el ida y vuelta, en la circulación entre medios. Siempre me llamaron la atención estos espacios, los lugares ambiguos, los lugares híbridos. Creo que hay algo de la lógica anfibia, los anfibios como entidades que llevan y traen información, que comparten, que atraviesan límites y membranas. Es algo, en mi caso, que está vinculado a lo que entiendo como libertad, sobre todo en un momento de encasillamiento, de etiquetas y donde el concepto de libertad ha sido totalmente transgiversado.

Y después, por otro lado, en el plano más metafísico, en la mezcla, en ese mix es donde aparece la energía viva de crear algo nuevo, que sin duda es como la base de lo humano. Entonces es como que “una cosa se hace cosa fuera del molde". Y es necesaria esa interacción para romper estructuras, armar otras, transmutarse; tiene algo como alquímico. Yo creo que el enemigo es la fijación. De alguna manera lo ambiguo es lo que permite reprogramar la mirada y generar nuevos puntos de vista.


De la serie Naturaleza orgánica. Madera torneada recuperada de podas de sequía y rezagos de construcción. 2025.


El movimiento, la repetición y la secuencia aparecen como estrategias visuales. ¿Qué papel cumple la serialidad en la generación de significado?

El movimiento, la repetición y la secuencia están muy presentes en mi trabajo. Yo tengo un largo background en el mundo de la animación y, de alguna forma, ese interés comienza a filtrarse en las demás disciplinas en las que me desempeño. Así, el movimiento aparece también en mi obra dentro de las artes visuales.

La serialidad es como una forma de pensar el tiempo y de introducir cierta narrativa y acción en la obra, al mismo tiempo que creo que condiciona la experiencia del espectador, lo invita a intentar descifrar cierta repetición como una especie de progresión. Me interesa, en particular, la narrativa más abstracta. En este tipo de narrativa, donde no hay figuración clara, la repetición empieza a marcar un pulso, un “beat” que señala el paso del tiempo. Lo interesante, creo, es que nos damos cuenta de que repetir no es exactamente duplicar, y que lo idéntico comienza a mutar a lo largo del tiempo, del ritmo o de su propia historia.


De la serie Naturaleza orgánica. Madera torneada recuperada de podas de sequía y rezagos de construcción. 2025.


Trabajas con sistemas geométricos y constructivos. ¿Qué papel cumple la geometría como lenguaje simbólico dentro de tu trabajo?

La geometría está presente en mi obra de múltiples formas y dimensiones, generando distintas dinámicas. Por lo general, suelo ponerla en crisis, en tensión. Si uno se adentra en mis obras, se da cuenta de que predominan construcciones en equilibrio impreciso e inestable; no busco lo simétrico ni lo exacto, sino una construcción dinámica que plantea una situación. No lo concibo como un sistema rígido.

Creo que ahí se establece un puente entre lo intuitivo y lo racional, entre lo lúdico -el juego- y la ingeniería, como esos cruces inesperados. Al mismo tiempo, la geometría funciona como un código, un lenguaje que nos conecta con una gramática universal presente en la naturaleza, en los fractales, y que sin duda remite al simbolismo. Es ahí donde se abre un portal interesante en el que la obra empieza a resignificar y a darse como un proceso de significación externo a sí misma, totalmente incierto. El resultado de mis obras no son piezas que representan; más bien, creo que son piezas que transfiguran y que, de alguna manera, generan preguntas.


WIP. Madera torneada recuperada de podas de sequía y rezagos de contrucción. 2022.


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado o, incluso, al error?

Con respecto a la planificación, es algo que depende bastante del proyecto y del día. Hay proyectos que, por su envergadura o complejidad, requieren planificación, sobre todo cuando involucran a otras personas que deben participar. Sin duda, en muchos casos la planificación es fundamental.

En los proyectos que suelo planificar, siempre me interesa dejar un espacio para la improvisación, donde pueda jugar un poco el azar o el devenir del propio proceso. Creo que ahí empiezan a surgir cosas interesantes, y es importante no dejarlas pasar. Personalmente, me aburriría mucho trabajar en obras cuyo resultado ya conozco de antemano. La realización de cada obra es, para mí, un viaje incierto; no sé hacia dónde me llevará, y creo que ahí reside el potencial y lo interesante, no solo para mí, sino también para la obra misma y la experiencia del espectador.