Art Madrid'26 – TRES MUJERES, TRES REALIDADES EN LA GALERÍA ALBA CABRERA

Alba Cabrera Gallery presenta en Art Madrid la obra más íntima de tres mujeres artistas: Carmen Michavila, Isabel Gutiérrez y María Angélica Viso. Tres personalidades artísticas diferentes que conectan con una misma sensibilidad mística en sus obras.

Carmen Michavila (Valencia, 1959) reflexiona en sus obras sobre la invisibilidad, evocando una realidad oculta a los ojos. Michavila, partiendo de un realismo mágico, nos invita a un viaje interno e íntimo, y como si de un cuento para niños se tratase, nos lleva a la más pura esencia. Entre líneas delicadas y minuciosas, la artista deja espacios vacíos para que el espectador, dejando volar su imaginación, los complete.

Es inevitable no distinguir en la obra de la artista valenciana connotaciones propias de la religión cristiana. La verticalidad de sus figuras imaginarias y sus fondos de colores neutros, evocan imágenes propias del paraíso terrenal y del infierno. Muestra de ello son las obras pertenecientes a la serie “Job 38:11: hasta aquí llegarás, pero no más allá. Aquí se detendrá el orgullo de tus olas”.

Carmen Michavila

Sin Título, 2019

Acrílico sobre lienzo

116 x 89cm

En la obra de Isabel Gutiérrez (Madrid, 1955), la configuración del espacio juega un papel fundamental. Con una ligera tendencia hacia la obra cubista de Paul Klee y de Sonia Delaunay, las pinturas de Isabel Gutiérrez se desarrollan dentro del estilo figurativo, siendo el color y la luz elementos fundamentales en la composición. La naturaleza, es representada por la artista en sus múltiples manifestaciones, generando un juego cromático y formal definido por los diferentes efectos de luz que se multiplican a cada instante, como la propia naturaleza, en la flora y fauna de sus paisajes y jardines.

”En mis cuadros he investigado relaciones entre colores, estructuras compositivas y diferentes tratamientos en la pincelada, con el objetivo de significar la evolución de mi pensamiento sobre las formas que percibo.”

En obras como “Primeras hojas” o “Baile de hojas I”, ambas realizadas en 2019, la gran intensidad cromática y unos contornos muy bien definidos, construyen los motivos figurativos. Los elementos orgánicos de sus hojas, plantas o animales se reafirman de una forma plástica mucho más expresiva y texturizada que las superficies geométricas de colores planos que los complementan.

Isabel Gutiérrez

Primeras hojas, 2019

Óleo sobre tabla

40 x 40cm

Isabel Gutiérrez

Baile de hojas I, 2019

Óleo sobre tabla

40 x 40cm

La sutiles esculturas geométricas de la artista caraqueña María Angélica Viso, completan la propuesta expositiva de la galería Alba Cabrera para Art Madrid. María Angélica Viso (Venezuela, 1971), cuenta entre sus grandes referentes con los artistas Cruz Díez y Jesús Rafael Soto. Las obras de Viso se sustentan generalmente en la pared. Estas esculturas volátiles, con formas polivalentes y sofistas, son capaces de mutar en otras figuras. En todas sus piezas, como destaca la comisaria Susana Benko, “el elemento común es la imagen de levedad.”

Maria Angélica Viso Penso

Geometrías orgánicas, 2019

Aluminio y pintura anodizada

80 x 80cm

”Encuentro una similitud entre el papel y el metal y así me enfrento a éste último, como si fuera un pergamino, descubriendo su lado sutil y suave, faceta que a veces parece esconderlo en su rigidez. Rigidez que a su vez aprovecho para perforarlo con inserciones, perforándolo, atravesándolo y así logrando ilusiones de tejido en movimiento”

Dejando atrás sus obras de líneas rectas y de planos estáticamente geométricos a los que hace perder su rigidez, convirtiéndolos en etéreos tan solo separándolos de la superficie y curvándolos con sutil delicadeza, Viso evoluciona hacia una nueva serie que denomina “Geometrías orgánicas”. Serie en la que lleva trabajando desde 2018 hasta la actualidad.


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La obra de Julian Manzelli (Chu) (Buenos Aires, Argentina, 1974) se sitúa en un territorio de investigación donde el arte adopta metodologías próximas al pensamiento científico sin renunciar a su dimensión poética y especulativa. Su práctica se estructura como un proceso abierto de experimentación, en el que el taller funciona como laboratorio: un espacio de ensayo, error y verificación, más orientado a la producción de nuevas formas de percepción que a la obtención de certezas. En este sentido, su trabajo dialoga con una epistemología de la incertidumbre, afín a tradiciones filosóficas que entienden el conocimiento como devenir y no como cierre.

Manzelli explora zonas intersticiales, entendidas como espacios de tránsito y transformación. Estas áreas ambiguas no se presentan como indefinición, sino como potencia: lugares donde las categorías se disuelven y permiten la emergencia de configuraciones híbridas, casi alquímicas, que reprograman la mirada.

La geometría, lejos de operar como sistema normativo, aparece tensionada y desestabilizada. Sus construcciones precarias articulan un cruce entre intuición y razón, juego e ingeniería, evocando una gramática universal presente tanto en la naturaleza como en el pensamiento simbólico. Así, las obras de Manzelli no representan el mundo, sino que lo transfiguran, activando preguntas más que respuestas cerradas.


Avícola. Escultura magnética. Madera, imanes, laca automotriz y acero. 45 x 25 cm. 2022.


La ciencia y sus métodos inspiran tu proceso. ¿Qué tipo de paralelismos encuentras entre el pensamiento científico y la creación artística?

La ciencia y el arte son dos disciplinas que creo tienen mucho en común y sin duda están muy interrelacionadas. A mí me interesa ese cruce y a pesar de que muchas veces se ponen en lugares opuestos, creo que comparten y tienen un mismo origen. En ambos está esa búsqueda continua, esa necesidad de respuestas que viene desde la curiosidad, no tanto desde la certeza y que a veces, o en muchos casos, tanto a los artistas como a los científicos, los lleva a ponerse en lugares incómodos e inciertos y a salirse de su zona de confort. Creo que eso es algo en común y muy interesante de estas dos disciplinas que de alguna forma son las que nos definen como humanos.

En ese sentido, ambas comparten la experimentación como eje de su práctica. La prueba, el error, los ensayos y todo este proceso son los que van generando el desarrollo. En mi caso, esto se aplica al taller: lo vivo como un laboratorio donde se desarrollan distintos proyectos, donde voy testeando materiales. Es como si uno genera una hipótesis y luego la pusiera a prueba: los materiales, los procedimientos, las formas, los colores, y se obtienen resultados. Resultados que no buscan ser verificados, sino que en el arte tienen, creo yo, la función de generar nuevos modos de percepción, nuevas miradas y experiencias.


Receptor Lunar #01. Ensamble de Madera Reciclada torneada. 102 x 26 x 26 cm. De la serie Fuerza orgánica. 2023.


Trabajas desde los intersticios entre lo natural y lo artificial, lo figurativo y lo abstracto. ¿Qué te interesa de esas zonas ambiguas y qué tipo de conocimiento emergen de ellas?

Siempre fui bastante inquieto y eso me llevó a meterme y sumergirme en distintos ámbitos, distintas disciplinas. Creo que hay una riqueza especial en los lugares intersticiales, en el ida y vuelta, en la circulación entre medios. Siempre me llamaron la atención estos espacios, los lugares ambiguos, los lugares híbridos. Creo que hay algo de la lógica anfibia, los anfibios como entidades que llevan y traen información, que comparten, que atraviesan límites y membranas. Es algo, en mi caso, que está vinculado a lo que entiendo como libertad, sobre todo en un momento de encasillamiento, de etiquetas y donde el concepto de libertad ha sido totalmente transgiversado.

Y después, por otro lado, en el plano más metafísico, en la mezcla, en ese mix es donde aparece la energía viva de crear algo nuevo, que sin duda es como la base de lo humano. Entonces es como que “una cosa se hace cosa fuera del molde". Y es necesaria esa interacción para romper estructuras, armar otras, transmutarse; tiene algo como alquímico. Yo creo que el enemigo es la fijación. De alguna manera lo ambiguo es lo que permite reprogramar la mirada y generar nuevos puntos de vista.


De la serie Naturaleza orgánica. Madera torneada recuperada de podas de sequía y rezagos de construcción. 2025.


El movimiento, la repetición y la secuencia aparecen como estrategias visuales. ¿Qué papel cumple la serialidad en la generación de significado?

El movimiento, la repetición y la secuencia están muy presentes en mi trabajo. Yo tengo un largo background en el mundo de la animación y, de alguna forma, ese interés comienza a filtrarse en las demás disciplinas en las que me desempeño. Así, el movimiento aparece también en mi obra dentro de las artes visuales.

La serialidad es como una forma de pensar el tiempo y de introducir cierta narrativa y acción en la obra, al mismo tiempo que creo que condiciona la experiencia del espectador, lo invita a intentar descifrar cierta repetición como una especie de progresión. Me interesa, en particular, la narrativa más abstracta. En este tipo de narrativa, donde no hay figuración clara, la repetición empieza a marcar un pulso, un “beat” que señala el paso del tiempo. Lo interesante, creo, es que nos damos cuenta de que repetir no es exactamente duplicar, y que lo idéntico comienza a mutar a lo largo del tiempo, del ritmo o de su propia historia.


De la serie Naturaleza orgánica. Madera torneada recuperada de podas de sequía y rezagos de construcción. 2025.


Trabajas con sistemas geométricos y constructivos. ¿Qué papel cumple la geometría como lenguaje simbólico dentro de tu trabajo?

La geometría está presente en mi obra de múltiples formas y dimensiones, generando distintas dinámicas. Por lo general, suelo ponerla en crisis, en tensión. Si uno se adentra en mis obras, se da cuenta de que predominan construcciones en equilibrio impreciso e inestable; no busco lo simétrico ni lo exacto, sino una construcción dinámica que plantea una situación. No lo concibo como un sistema rígido.

Creo que ahí se establece un puente entre lo intuitivo y lo racional, entre lo lúdico -el juego- y la ingeniería, como esos cruces inesperados. Al mismo tiempo, la geometría funciona como un código, un lenguaje que nos conecta con una gramática universal presente en la naturaleza, en los fractales, y que sin duda remite al simbolismo. Es ahí donde se abre un portal interesante en el que la obra empieza a resignificar y a darse como un proceso de significación externo a sí misma, totalmente incierto. El resultado de mis obras no son piezas que representan; más bien, creo que son piezas que transfiguran y que, de alguna manera, generan preguntas.


WIP. Madera torneada recuperada de podas de sequía y rezagos de contrucción. 2022.


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado o, incluso, al error?

Con respecto a la planificación, es algo que depende bastante del proyecto y del día. Hay proyectos que, por su envergadura o complejidad, requieren planificación, sobre todo cuando involucran a otras personas que deben participar. Sin duda, en muchos casos la planificación es fundamental.

En los proyectos que suelo planificar, siempre me interesa dejar un espacio para la improvisación, donde pueda jugar un poco el azar o el devenir del propio proceso. Creo que ahí empiezan a surgir cosas interesantes, y es importante no dejarlas pasar. Personalmente, me aburriría mucho trabajar en obras cuyo resultado ya conozco de antemano. La realización de cada obra es, para mí, un viaje incierto; no sé hacia dónde me llevará, y creo que ahí reside el potencial y lo interesante, no solo para mí, sino también para la obra misma y la experiencia del espectador.