ENTREVISTA A MARIO GUTIÉRREZ CRU, COMISARIO DEL PROGRAMA ART MADRID-PROYECTOR’20

Entrevistamos a Mario Gutiérrez Cru, comisario y director de la plataforma de videoarte PROYECTOR, quien estará a cargo del programa de actividades de ART MADRID-PROYECTOR'20. Para celebrar nuestro 15º aniversario, hemos preparado nuestra edición más dinámica y atrevida en la que disfrutar del videoarte, el arte de acción, el arte sonoro y la performance como nunca. Arte en vivo para convertir este acontecimiento en una auténtica experiencia, con el certero y renovado criterio de Mario Gutiérrez Cru.

Lois Patiño, fotograma de “Strata of the Image”, 2015

¿Cómo empezó la Plataforma de Videoarte PROYECTOR y en qué momento se encuentra ahora?

PROYECTOR empezó en 2008 como un festival anual de videoarte en el desaparecido Espacio Menosuno. Un proyecto independiente vinculado a más de 100 personas que apoyaban el arte contemporáneo a modo de crowdfunding, antes de que ese concepto se pusiera de moda en España. Este modelo colaborativo hacía posible un centro de arte donde las muestras, conciertos experimentales, encuentros, proyecciones y residencias fueran habituales, cuando las instalaciones, las performances, el arte sonoro y el videoarte todavía eran grandes desconocidos.

Desde su primera edición de PROYECTOR apostamos por invitar a creadores y festivales internacionales a hacer piezas site specific lo que nos permitía conocer el panorama del vídeo en otros países. Esto abrió puertas a que el festival fuera un mapeo anual de los espacios independientes de la ciudad. Pasamos de una sede a la configuración actual con una docena de espacios tanto independientes, como públicos y privados. El festival pasó a convertirse en una plataforma por su labor continua y viaja a otros países con los que colabora, muestra y comparte.

En la actualidad es un proyecto consolidado que aglutina durante 2 semanas de septiembre cerca de 100 obras. Videoinstalación, videoperformance, propuestas híbridas y obras de los festivales internacionales en formato más de auditorio. Además de los encuentros profesionales con directores de festivales, museos, comisarios, abogados, coleccionistas, conservadores y artistas que son el grueso de nuestros encuentros.

 

¿Cómo crees que se percibe en general el videoarte y el arte de acción por el público en España? ¿Aún hay que educar al público en el entendimiento de estas disciplinas en comparación a otros países?

Tanto el videoarte como el arte de acción son todavía los grandes desconocidos, aunque cada vez, gracias principalmente a los esfuerzos de festivales independientes e instituciones, el público está más acostumbrados a estas manifestaciones. Estas propuestas nacieron en el siglo pasado y poco a poco, los espectadores empiezan a desarrollar ese placer que solo el arte puede darnos. Pero como todos sabemos, los cambios, lo desconocido, produce un salto al vacío, una incomprensión que precisa de tiempo y de encontrarse en nuestro camino con piezas que nos apasionen, que nos hagan pensar, que nos permitan evadirnos, reflexionar, querer conocer más. Y a todo esto, si le añadimos la participación de profesionales que nos hablan de su creación, sus pasiones, su manera de hacer, pensar, sus debilidades, sus miedos o sus fracasos conseguiremos humanizarlo.

Por eso, tanto en PROYECTOR, como en mi labor como comisario y docente hacemos ese esfuerzo por intentar abrir el conocimiento a estas propuestas más arriesgadas. La palabra educar es peligrosa porque ¿quiénes somos nosotros para educar, para inculcar a otros nuestras ideas? Lo que intentamos es implantar semillas de pasión por el arte, ya sea en vivo con las acciones o performances, como en diferido con las imágenes en movimiento, las videocreaciones, o incluso el cine experimental. No creo que España sea muy diferente a otros países vecinos. El esfuerzo por dar visibilidad, querer mostrar, abrir al público estas propuestas es constante y querer compartido en cada encuentro que hacemos o en cada festival al que acudo.

Es el segundo año que estás como comisario de el programa ARTMADRID-PROYECTOR, ¿cómo crees que ha evolucionado el proyecto para esta edición y cómo ha afectado todo lo que has podido ver a lo largo de este año en otros festivales y ferias?

La verdad es que es una sorpresa y honor poder estar de nuevo de comisario en la feria. Siempre se busca la novedad, la sorpresa, la innovación para poder atraer a prensa y a espectadores, pero la renovación es un asentar valores que precisan de tiempo para que el espectador se familiarice con ellos. Y, claro está, el videoarte precisa de mucho esfuerzo para que sea habitual. A ello hay que añadir las novedades de este año: una apuesta por piezas que se mueven entre las imágenes en movimiento y las “numériques” -como dirían los francófonos a las obras digitales-, piezas con una marcada presencia tecnológica, ya sea new media, o simplemente obras con motores, mecanismos, hinchables, interactivas, autogenerativas, random… También, y quizás la gran novedad, sea la apertura no solo hacia la tecnología sino al uso del cuerpo. Se ha invitado a artistas a trabajar en las artes vivas, en ese límite entre el arte de acción y la performance (en su variable anglosajona) relacionada con las artes escénicas.

Otra novedad de esta edición es la creación de un stand dentro de la propia feria que será el corazón neuronal donde se desarrollarán todas las acciones. Allí se presentarán los encuentros con los artistas y las proyecciones de los comisariados internacionales, para lo que se ha invitado a 13 festivales de Portugal, Francia, Países Bajos, Grecia, Marruecos, Colombia, México, Perú y Argentina. Esto dará la oportunidad a los asistentes a presenciar más de un centenar de obras de máxima relevancia a uno y otro lado del Atlántico y del Mediterráneo.

¿Cuál ha sido tu criterio a la hora de seleccionar a los artistas y especialistas que forman todo el programa de actividades?

Se ha apostado claramente por hacer partícipes a los espectadores de la creación actual en videoarte, new media y arte de acción. Esto se ha repartido en cuatro eventos o temporalidades. Una primera que será la apertura del conocimiento de tres artistas españoles: Patxi Araújo, Olga Diego y Lois Patiño. Cada uno de estos perfiles representa una variable de la creación: arte mecánico y digital en Patxi; el arte de volar y de crear hinchables habitables en Olga; y la creación audiovisual que se mueve entre el cine y las videocreaciones lumínicas en Lois. Los tres impartirán clases magistrales en Medialab Prado, el más importante centro madrileño de este tipo de propuestas.

Por otra parte, el artista Eduardo Balanza nos abrirá su estudio, máximo espacio de creatividad y de intimidad, para enseñarnos sus creaciones de grandes dimensiones, y en especial su órgano digital con el que lleva años experimentando.

Además, como cada año, tendremos en la Sala Alcalá 31 un encuentro con grandes profesionales que han estado detrás de museos y centros de arte relacionados con la fotografía, vídeo y new media. Rafael Doctor, Karin Ohlenschläger y a Berta Sichel, junto al moderador Miguel Álvarez-Fernández, nos harán una buena introducción a este tipo de propuestas bajo el título “De la fotografía al new media”.

Por último, como decía, se ha habilitado en la propia feria, un stand donde las acciones, proyecciones y presentaciones tendrán lugar. Entre los performers están Iván Puñal, Eunice Artur con Bruno Gonçalves, Arturo Moya y Ruth Abellán Alzallú, y Olga Diego, y entre los videoartistas y creadores instalativos: Abelardo Gil-Fournier, Fernando Baena, Mario Santamaría y Maia Navas. Cado uno de ellos puede representar muy distintas maneras de entender la performance, aunque todos ellos tienen en común que usan la tecnología (ordenadores, procesadores, cámaras y sensores) para desarrollar las mismas. Estos creadores y creadoras nos hablarán de su trayectoria de varias décadas creando piezas frente al público con un marcado carácter reivindicativo, o nos invitarán a participar, interactuar en vivo con sus propuestas adaptadas o creadas site specific para la propia feria.

Con ello he pretendido crear un mínimo marco conceptual y procesual que sirva de aperitivo para curiosos y entendidos y que posibilite nuevas aperturas en los espectadores y creadores.

Iván Puñal, performance en el estudio de Rubén Martín de Lucas, 2019

¿Qué opinas de la presencia del videoarte y el arte de acción en las ferias?

El videoarte entró con mucha discreción en las ferias hace casi dos décadas. Todavía los elementos necesarios para mostrarlo con la calidad que este arte precisaba eran caros y los posibles compradores eran escasos, con miedo a salirse de lo marcado por sus asesores y de los posibles problemas de la conservación, cuidados e incluso posibilidad de mostrarlo en sus viviendas habituales.

El arte de acción quizás lleve más tiempo siendo visible en ferias, aunque mucho más en festivales, bienales y Documentas. Quizás en estos, al no plantearse como producto vendible, permitió mucha más libertad tanto para los creadores como para los programadores. Las documentaciones, tanto en fotografía, como en vídeo o cine, son muy habituales especialmente en estas prácticas desde los 70´s. Grandes museos y coleccionistas privados adquirieron “recuerdos” de acciones en las que estuvieron o a las que les hubiera gustado estar presentes. La fotografía, hoy en día está más normalizada en las ferias y entre los compradores, pero hasta hace muy poco era también ese desconocido, ese desafío de ventas. Lo mismo ocurre con el vídeo y por eso sigue la prevención por dichas adquisiciones.

 

¿El coleccionismo de videoarte es posible? ¿Cómo se puede transmitir este formato a quiénes son más escépticos respecto a su valor artístico?

Hace más de cinco décadas que los coleccionistas compran este tipo de obras y estas transacciones están cada vez más reguladas. Abogados, coleccionistas, festivales y ferias han trabajado codo a codo con los artistas para que ambas partes estén protegidas y se establezcan relaciones bilaterales que respeten los derechos de autor, de adquisición y de propiedad. Además, se está reformulando la ley de mecenazgo para que se parezca un poco a la de otros países donde la adquisición de obras de arte tiene grandes ventajas fiscales que favorezcan más el mercado del arte y a todos los implicados.

No creo que las personas sean escépticas respecto al valor artístico, sino a su posible rentabilidad futura, a su pérdida de valor por su falta de privacidad al estar presentes en plataformas online o que sea posible ver la misma pieza en varias galerías o ferias en simultáneo. Las obras de arte tienen un valor de por sí, por estar hechas por un artista o concebidas como tal por especialistas, o simplemente por su descontextualización y colocación dentro del marco de un espacio especializado, ya sea salón de arte, museo, feria o galería. El valor nunca debería ser económico, debería ser personal: cuánto estoy dispuesto a sacrificar por poseer esta obra, ya sea tiempo, dinero o relaciones.

Olga Diego, performance “The bubble woman show”, 2019

¿Cuáles son los elementos indispensables a la hora de crear una pieza de videoarte? ¿Cómo es el proceso creativo de un artista en esta disciplina?

Quizás el único elemento indispensable para crear una pieza de videoarte sea que tenga unas imágenes que se muevan -muchos puristas se me echarían encima al decir esto-. Hay muchas personas que solo consideran esta disciplina si es una imagen grabada que puede reproducirse, o incluso si se utilizó una cinta magnética para poder grabarla. Pero la tecnología digital ha contribuido a abaratar y simplificar muchos de estos procesos con calidades muy superiores a todos sus predecesores equipos analógicos. Esto permitió que apareciese toda una generación de creadores ligados tanto al cine como al vídeo y que hubiera siempre saltos de una a otra disciplina. Hay también quienes defendemos que ambas disciplinas son muy semejantes y que desde hace más de un siglo existan ya piezas de videoarte, antes incluso de que la palabra vídeo hubiera aparecido.

Por otra parte, si obviamos el formato en que se han grabado, quizás lo que normalmente define el videoarte es su libertad formal, narrativa y expresiva. Suelen ser piezas cortas, pueden tener una experimentación en su manera de grabarse, en su ritmo, colores o sonidos que no es el acostumbrado en el cine, y en ocasiones utilizan varias pantallas para contar una historia, lo que hace que el espectador tenga que construir en su cabeza la obra que está viendo. O incluso que sea el mismo el que dirija, varíe la obra al interactuar con ella.

Cada artista tiene un proceso muy diferente de creación, pero quizás en los primeros años que se hicieron este tipo de obras y casi hasta esta última década eran piezas donde el creador era el guionista, cámara, sonidista, editor, productor e incluso vendedor o distribuidor de la misma. En la actualidad y sobretodo desde que el The Cremaster Cycle de Matthew Barney se introdujo en este sector las creaciones, allá por el año 2000, se han sofisticado las obras y es un gran equipo con grandes producciones las que consiguen absorber el interés de museos y ferias, lo que fuerza a los artistas a precisar cada vez de más recursos para poder costear grandes producciones que son más habituales en el sector fílmico y que han aumentado considerablemente el precio del videoarte.

 

Existe una gran cantidad de lenguajes y técnicas que conforman la creación del videoarte. ¿Crees que, dado el desarrollo tecnológico, se van a ir generando nuevos lenguajes artísticos que aún desconocemos?

La tecnología revoluciona una y otra vez los lenguajes, así como lo que el espectador espera ver. Algunos de los creadores apasionados por estos avances apuestan por introducirlos en sus creaciones y actualizan esta disciplina. La varían a veces hasta tal punto que ya ni siquiera se puede seguir llamando “videarte” y tiene que aparecer una palabra nueva que la sustituya, como fue en los 90´s el concepto de new media o, posteriormente, realidad virtual o aumentada.

 

Una de las propuestas incluidas en el calendario del programa “Art Madrid-Proyector’20” fue la organización de varios encuentros con artistas dentro de la feria, lo que dio a los visitantes la oportunidad de conocer mejor su obra y abrir un diálogo personal con ellos tras la presentación de sus últimas líneas de trabajo. Del miércoles 26 al sábado 29 de febrero, contamos con la participación de Abelardo Gil-Fournier, Fernando Baena, Mario Santamaría y Maia Navas, un conjunto de creadores que trabajan con la imagen en movimiento, pero también con la instalación, el arte tecnológico, la performance y el videoarte.

El trabajo de Abelardo Gil-Fournier gira en torno a la hibridación entre lo real y lo sensible. Este artista e investigador aborda esta cuestión en sus obras desde una perspectiva en la que la percepción, la imagen y la producción material se funden. Tanto su práctica artística como investigadora trata temas relacionados con la ordenación del territorio y el crecimiento vegetal sin perder de vista estos tres puntos de interés, lo que da lugar a obras que incorporan la presencia de la naturaleza desde varias ópticas, en ocasiones como un espacio de experimentación en el que reflexionar sobre la conexión entre arte y política, la relación del ser humano con el entorno o los criterios de intervención en el paisaje.

Durante su presentación el miércoles 26 de febrero, Abelardo nos habló de algunos de sus últimos proyectos, en los que la presencia de la tecnología es clave para ofrecer una interpretación artística de las incursiones del individuo en el territorio, lo que afecta a cuestiones como las técnicas de agricultura, la progresiva deforestación de los bosques o la explotación de los recursos del terreno. El resultado son dibujos de patrones con códigos de color que desglosan el paisaje analizado y ofrecen una reinterpretación más visual y de base tecnológica sobre estos comportamientos humanos. Además, en este encuentro, el artista nos explicó su obra “The Quivering of the Reed”, una instalación que mezcla imagen de vídeo, con sonido y elementos materiales, y que cumple el papel de mezclar lo sensorial con lo real.

Abelardo Gil-Fournier

Fernando Baena compartió una charla con nosotros la tarde del jueves 27 de febrero. Este artista ha centrado gran parte de su trabajo en la performance, el happening y las piezas de vídeo, muchas de ellas pensadas para plasmar el resultado de una intervención y darle a la obra una segunda vida en un nuevo formato. Los temas principales que acaparan su trabajo van desde el tratamiento de la sexualidad y cuestiones de género, los movimientos migratorios y el drama de los refugiados, el ejercicio de la libertad política y de pensamiento… todos ellas cuestiones de gran calado que Fernando aborda desde planteamientos cercanos, con uso de materiales habituales y entornos reconocibles. Otra de las características de su obra es la incorporación a muchas de sus piezas de Marianela León, una performer que lleva colaborando con Fernando muchos años hasta convertirse casi en un alter ego de sí mismo y protagonizar la mayoría de acciones que tienen lugar en espacios públicos.

En este encuentro, Fernando pudo explicarnos parte de sus procesos creativos e incidir en un aspecto clave que el artista de performance pretende: entender la reacción del público. De este modo, se analiza también el impacto de una obra concebida desde el plano teórico cuyo significado puede cambiar completamente en función de la percepción del espectador. Como él mismo explicaba en la charla respecto a su pieza “Balsa”:

“Lo que comenzó siendo una performance con un guión establecido acabó transformándose en un happening en el que el público participaba con reacciones a veces insólitas”.

Por su parte, Mario Santamaría, que estuvo con nosotros el 28 de febrero, nos presentó un trabajo completamente distinto al de Fernando. Este artista está centrado en el análisis del uso de los datos, la sensación de manipulación y falta de control sobre nuestra información que se produce en el medio digital y el deseo de llevar al plano tangible ideas tan etéreas y comunes hoy día como el uso de nubes de almacenamiento virtual, la ubicación de las páginas web o el flujo de datos por Internet. Gran parte de su trabajo, documentado en vídeo o transformado en instalaciones tecnológicas, es una forma de investigación sobre el impacto del medio digital en nuestra cotidianidad. Su deseo de bajar al plano material estos términos, que hoy manejamos en nuestro lenguaje sin comprender muchas veces su significado, le ha llevado a visitar bunkers de servidores, naves de almacenamiento, además de rastrear la ubicación exacta de los servidores que albergan su propio dominio web para dar con parajes aislados, perdidos y alejados de todo rastro de humanidad.

Mario nos propuso un viaje material a esta realidad para demostrar que estamos ante un sistema muy frágil, cuya durabilidad no está a prueba de fenómenos naturales, como lo demuestra alguno de los trabajos de documentación realizados, en donde rescató imágenes de animales salvajes entrando en estos centros de datos y poniendo en peligro la subsistencia del mundo digital.

Mario Santamaría

Finalmente, Maia Navas, recién llegada de Argentina, compartió con nosotros la tarde del sábado 29 en un encuentro en el que nos habló de su trabajo de creación así como de su experiencia al frente de Play-Videoarte, un festival dedicado por completo a esta disciplina que cofundó en 2012, y que en estas seis ediciones ha compaginado una exhibición anual con un programa de actividades que tienen lugar en la Ciudad de Corrientes (Argentina), en el Centro Cultural de la Extensión Universitaria que depende de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE).

Maia es licenciada en psicología, además de en artes y tecnología, y compaginar su carrera artística con la docente. El impacto de la psicología entre sus temas de trabajo es evidente, y algunas de sus obras de vídeo tratan de ahondar sobre aspectos inquietantes y desconcertantes del comportamiento humano, como la serie “Procedimientos” que pudimos ver en la presentación. En ella, la artista retrata el día a día de personas afectadas por el síndrome TOC con una narrativa visual excelente que pone el acento, casi con una visión cinematográfica, en la vivencia personal de este fenómeno.

Maia Navas, foto de Marc Cisneros

Desde Art Madrid queremos dar las gracias a todos estos artistas por compartir con nosotros su experiencia creadora y darnos la oportunidad de dialogar con ellos acerca de sus proyectos presentes y futuros.